La época de Camus


“!Oh, no es suficiente! Con tal ostentación y tal mirada triunfante hacia mi lado que por primera vez desde hacía muchos años tuve un estúpido deseo de llorar porque sentí cuánto me detestaba esta gente.” – Albert Camus.


Análisis del discurso de aceptación del Nobel de Literatura de Albert Camus:

Discurso pronunciado por el escritor Albert Camus cuando se le entregó el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo en 1957.
Se titula “La misión del escritor”:

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Elementos para el análisis:

  • Perfil del hablante.
  • Historia del Premio Nobel.
  • Condiciones de producción del discurso.
  • Características del discurso.
  • Significado de palabras.
  • Se analizará principalmente por medio de la hermenéutica el discurso de Albert Camus “La misión del escritor”.

Perfil del hablante:

Albert Camus nació en Mondovia, Argelia en 1913; es recordado por su trabajo literario en los siguientes géneros: novela, teatro y ensayo.

Su padre Lucien Camus, muere durante la Batalla del Marne en la Primera Guerra mundial en 1914, por lo que es criado por su madre Catalina Elena Sintes que era analfabeta y casi sorda.

Camus ingresa a la Universidad de Argel a estudiar Filosofía, carrera que deja trunca por haber enfermado de tuberculosis.
Esta enfermedad lo aleja de una de sus grandes pasiones: el futbol. Fue arquero del Club Racing Universitario de Argel.

Recuperado de la tuberculosis, Camus forma una compañía amateur de teatro que representa obra clásicas.
En 1940 se traslada a vivir a París donde trabaja como redactor en el diario “Paris-Soir”.
Un año antes publica “Bodas” que es una recopilación de notas de viaje y reflexiones acerca de literatura.
Su auge como escritor se da cuando sale a la luz “El extranjero”  y con el ensayo “El mito de Sísifo”, donde se muestra el pensamiento existencialista del autor.
Fue miembro de la Federación Anarquista Francesa y miembro del Partido Comunista hasta que Alemania y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) firma el pacto germano-soviético.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alinea con la Resistencia y funda el periódico subversivo “Combat”, y de 1945 a 1947 fue editorialista en este medio.
En 1957 gana el premio Nobel de Literatura porque “el conjunto de su obra pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”.

Junto a Jean-Paul Sartre se le considera uno de los filósofos más importantes de la corriente existencialista; estos dos autores comparten la “pasión inútil” del hombre.
Inclusive fueron amigos hasta que se desató una polémica entre quién era el verdadero autor de estas ideas. La relación se vio afectada por el tendencia política de Sartre que nunca desistó al comunismo.

Camus muere el 4 de enero de 1960, en un accidente automovilístico cuando el sobrino de su editor conducía cerca de la región de Le Petit-Villeblevin. En el lugar de la muerte se encontró el manuscrito de una novela inconclusa “El primer hombre” con un alta carga autobiográfica.
Fue enterrado en el cementerio de Lourmarin.

Historia de los premios Nobel.
Estos se conceden cada año a personas, entidades u organismos por sus aportaciones realizadas en los campos de la Física, Química, Fisiología, Medicina, Literatura, Paz y Economía.
La primera entrega fue el 10 de diciembre de 1901. No se han entregado en siete ocasiones: 1914,1918, 1935 y de 1940 a 1943.
El premio (una medalla de oro, diploma y alrededor de un millón de dólares americanos) son financiados por el testamento del químico Alfred Bernhard Nobel y es entregado por un la Academia de Estocolmo.

Las condiciones de producción del discurso:
Para 1975, Albert Camus ya tenía publicadas 15 de sus 18 obras. Se le puede considerar un autor consolidado, con una narrativa evolucionada y una idiosincrasia marcada.
Con la obtención del Premio Nobel de Camus, la literatura existencialista quedará marcada en la historia universal.
Vale la pena recordar que Jean-Paul Sartre rechazó el premio en 1964 porque “tenía como regla rechazar cualquier reconocimiento entre el hombre y la cultura que se desarrollan directamente a través de Instituciones”.

El panorama histórico mundial de Sartre era el siguiente:
El satélite estadounidense, el Explorer 1 es puesto en órbita; momento determinante para la carrera tecnológica entre los dos modelos económicos predominantes del siglo XX, el socialismo real y el capitalismo.

El 25 de febrero, Bertrand Rusell pone en marcha la Campaña por el Desarme Nuclear.

Fulgencio Batista el 20 de mayo lanza una contraofensiva contra los rebeldes en la Sierra Maestra contra los rebeldes de Castro.

En abril comienza la gran recesión del 85 en Estados Unidos.

Entrados en el mes de julio, Charles de Gaulle decreta la Quinta República Francesa.

Se pone en marcha la Operación Argus, el 27 de agosto, en la cual Estados Unidos comienza los  ensayos nucleares en el Atlántico Sur.

Disturbios raciales en Notting Hill, Londres (30 de agosto).

La URSS realiza una prueba nuclear en Novaya Zemlya el 30 de septiembre.
Se produce el golpe militar en la ciudad de Argel.

Levantamiento tibetano contra la China de Mao.

Características del discurso:
Es un texto cerrado porque abre dos interrogantes principales: 1. La función del escritor y 2. La misión del escritor.

Los elementos intratextuales del discurso son conocidos, el narrador es el propio Albert Camus que recita frente a miembros de la Academia Sueca, diplomáticos, funcionarios públicos e intelectuales.

Fuera de las primeras líneas que dirige a la Academia por honrarlo con el premio Nobel el discurso no esta dirigido a sus miembros; sino a la población en general que es el máximo receptor del mensaje.

El discurso trata de convencer a la población de general de sus ideas; es una abertura a su persona, como en el cuento de Borges en que se divide en 2: el Borges que es un ciudadano común y el personaje que representa Borges como escritor.
Por otra parte, Camus confía en que el receptor va a descifrar su significado porque no es reiterativo ni excesivamente mordaz en ciertos aspectos; considera competente a los que se interesen por su discurso.

Las modalidades de sentido son discretas ya que no utiliza signos enfáticos para resaltarlas, sino que descansan en el contenido de las palabras, en los paradigmas del discurso.

El mensaje focaliza la libertad del hombre y su rol cívico, la naturaleza egoísta del ser humano y muestra su opinión al respecto en primera persona. Por ejemplo: “A mi ver”. De forma relativa aparece en “Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo”.

Y las modalidades del enunciado no dejan de aparecer por el alto uso de palabras con ejes afectivos, éticos y lógicos, como: desdicha, incesante, solitaria, privilegiada, dolor, alegría, semejanza, honor, deshonor.

Significado de palabras:

Libertad: La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.

La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.

Mentira: portavoz del odio y de la ceguera. Sinónimo del odio: en cuanto mejor odian, más mienten. La prensa mundial, con algunas excepciones, no conoce hoy otra jerarquía. A falta de otra cosa, mi simpatía va hacia esos, escasos, que mienten menos porque odian mal.

Análisis del discurso de Albert Camus:
La misión del escritor”
cuenta con mil 646 palabras divididas en once párrafos.
En el primer párrafo comienza mostrando gratitud hacía la Academia de Estocolmo que le entrega el premio Nobel, y se adula diciendo que esa recompensa “excede sus méritos profesionales”.

Seguidamente el autor describe que tras la obtención del máximo mérito literario necesita reencontrar su posición que se encuentra entre los reflectores y la nubosidad del premio y su verdadero rol como escritor.

Camus describe que este premio lo exhibe ante toda la humanidad, él se percibía a sí mismo como un escritor discreto acostumbrado a “vivir en la soledad del trabajo” y “en el retiro con los amistades”.
En cierta forma acepta que este premio afectará su rutina diaria por las avalanchas de entrevistas que se vienen.
De forma oculta, la obtención del Nobel aumenta la expectativa de su futura obra por haber recibido esta distinción.
Y es que, cómo aclara una líneas después, esa gratitud sólo lo han merecido unos cuántos escritores “los más grandes” según él.
Concluyendo el párrafo, Camus no puede definir sus sentimientos frente a la honra del Nobel mientras en el mundo haya escritores no reconocidos en naciones con situaciones de desgracia.

Ante ésta disyuntiva emotiva, el escritor argelino recurre a los dos grandes pilares que tiene su vida: la idea que se ha forjado de arte y la misión del escritor.
Camus acepta que “no puede vivir sin su arte”, no sin la totalidad del concepto arte; es una asimilación que el arte tiene una función económica, la cual le permite subsistir por primera instancia y mantener un estilo de vida que le permite liberar su potencial artístico.

Continúa definiendo a su ver lo que es arte “que no es una diversión solitaria… es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes”.
Con esto encontramos que el arte no es un individualismo, sino una función narrativa con la función de aumentar y unir por medio de imágenes a la gama sensible de la mayoría de las personas.

Más adelante extiende su definición: “Obliga, pues al artista a no aislarse(…) y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos”.

Posteriormente, en el quinto párrafo, Camus sentencia que el artista se forja con su participación activa en la vida social y en constante encuentro con uno mismo.
Agrega que el escritor debe ser libre, por lo tanto no puede ponerse al servicio de los que hacen o los que escriben la historia porque está renunciando a su ideal como artista. En cambio, el artista debe de ver por los que sufren, debe dar voz a aquéllos que callan.
En el momento en que el escritor sale a la calle y rompe con su soledad, puede perfeccionar su trabajo al darle una función social.

Camus define los objetivos que tiene un escritor: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad.
Por parte de la verdad es una orden para romper con las falsas realidades y el acomodamiento .
Lo anterior evoca por la eliminación del prejuicio, la ignorancia.

Mientras que en el servicio de la libertad es no permitir que las presiones ajenas modifiquen la escritura por miedo a la represión (censura), que es un atentado intelectual como el que se vivía en la Unión Soviética, donde el arte que no abogada por la revolución marxista era considerado reaccionario y por lo tanto no tenía cupo en el universo pragmático de ese entonces.

Dentro del sexto párrafo, Camus dice que el único sentimiento que lo ha sostenido en veinte años es el de escribir.
La escritura en  él se torna el centro de su existencia, lo anterior lo obligaba a deslindarse de su individualidad y “compartir con los demás la misma historia, desaventura y esperanza”.
En la frase anterior encontramos un absurdo ante la vida, porque todos sufrimos de los mismos pesares. Sin importar qué tanto nos esforzamos el sufrimiento será el mismo y se traspasa de generación a generación que dejan un legado que no podemos entender.
La vida es una lucha constante ante el sufrimiento generalizado que provoca el sólo hecho de existir.
Cuando Camus expresa que se obliga a compartir se puede referir a que es un narrador de historias y que necesita desahogarse con los demás para poder ser un creador.
Después explica quiénes eran los hombres con los que se rodea: “Aquellos nacidos al comienzo de la Primera Guerra Mundial, que tenían 20 años cuando se instaló el poder hitleriano y las primeras revoluciones (…) la de el universo del campo de concentración y la Europa de tortura y prisiones”.
Lo anterior refleja lo que es ser un hombre postmoderno, es la herencia de las Guerras Mundiales, del mundo que tiene como ideal la supremacía y el odio.
En una entrevista Albert Camus agregó que la Europa de ser la tierra del humanismo se ha convertido en la tierra de la vergüenza por el genocidio y la supremacía de las ideologías.

En las líneas “Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error con los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época”.
Es un paradigma que invita a la población a no dejarse vencer por el panorama desalentador que descansa en la Tierra; es una invitación a la unión social y a la organización porque la vida es un sentimiento de intensidad en la que se lucha contra el instinto de muerte que agita a la historia.

El octavo párrafo es el más enriquecedor porque muestra un entendimiento ideológico perfecto del siglo XX que es el heredero de revoluciones fracasadas, técnicas -¿De producción?- enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas.
Además asimilar que su generación no podrá salvar al mundo pero, que tiene una misión aún más importante, que es salvarlo, abre brecha para el pensamiento ecologista.
Camus hace un desgarradora prospectiva de su época, en la que los hombres no se volvían locos o mediocres por gusto sino por el derrumbamiento del ambiente que lo rodea.
La idea “la inteligencia humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión” habla de los sistemas de convencimiento de la propaganda, de la instrumentalización de la existencia humana para el beneficio de particulares que están al mando de las ideologías.

Encontramos en ese mismo párrafo un panorama ideal del mundo: la restauración de paz entre las naciones. Un trato que no esclaviza una a la otra (como en el Tratado de Versalles).
Camus agrega el panorama tendencial en el que duda que su generación sea capaz de semejante hazaña.

El noveno párrafo da otro sentido a la existencia del escritor, los hace responsables de preservar la belleza y el dolor de su época ante los eminentes destructores de la historia (que es la naturaleza malvada del hombre).

Por último, sentencia que él como ningún otro intelectual tiene la verdad absoluta; ha fallado y aprendido de sus fallas; cada caída lo ha fortalecido y le ha enseñado que la dicha del hombre radica en estar condenado a ser libre.
Una vez que se ha mostrado ante la audiencia se siente libre, transparente y acepta el premio que le concede la Academia y le da un función que es mantener firme la promesa que hacen los artistas todos los días al despertarse que es la de no traicionarse a sí mismos.

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Una buena mujer


“Fue sin pretensiones de amor ni ser amada, aunque siempre con la esperanza de encontrar algo que fuera cómo el amor, pero sin los problemas del amor”-Gabriel García Márquez

*

“No podrías estar con una buena mujer, Penella” manifestó mientras los cubos de hielo aterrizaban en sus labios finos.

“Simplemente, no. No es tu estilo”.

Únicamente el largo de la mesa cuadrada los distanciaba. Sin embargo desde su periquera podía aspirar el amor amor de Cacharel que se desprendía tranquilamente de su piel blanca y aterciopelada.

“Por qué… no lo entiendo” dijo el joven que agudizaba su pensamiento para romper sus propios paradigmas.

“No lo sé, simplemente eres así” las palabras salieron entre una humarada de tabaco. Conforme pasaba el tiempo los vasos se acoplaban en la mesa. El mal servicio traía nuevos elixires dejando los envases vacíos como trofeos de glorias pasadas.

“Además de tu mal gusto, sigue siendo evidente que no has podido encerrar tu afán aventurero…” Penella suspiró, escuchar sus propias desgracias proviniendo de una boca tan exquisita era un ritual masoquista; sentía un deseo irresistible de apartarse de aquél lugar y dejar a la mujer hablando sola, pero, alejarse daría paso a todas las aves de rapiña que voltean a ver sigilosamente a su compañía.

La mujer seguía con su discurso. Siempre han tenido problemas para economizar lenguaje, sobre todo cuando es mejor no emitir sonido alguno; seguramente citaba sus malas decisiones, la facilidad con que se dejaba destruir y cómo a pesar de todo mantenía absurdas esperanzas hacía el amor.

“(…) eres como un hombre de otro siglo”. Sentenció orgullosamente, cómo si esas palabras fueron el remate de una novela bien trabajada. Las demás palabras no llegaron a sus oídos. seguía pensando si necesitaba mujeres o la simple ilusión del amor lo podía entretener hasta el fin de sus días.

Musicalmente la atmósfera cambió radicalmente de los Eagles a una banda en vivo que lo hacía realmente mal. Tipos frustrados que tienen la osadía de destruir clásicos, no es que necesariamente sean buenos, simplemente el oído se acostumbra a la versión original.

“No sé porque sigo viéndote, siempre acabamos en lo mismo. Tus opiniones críticas complementan tu egolatría”. Después de diez minutos Penella tuvo el atrevimiento de contestar.

“Regálame otro trago si quieres que te siga soportando” agregó.

“Pide lo que quieras. Dame dos segundos” Dijo Ella mientras se paraba de su lugar, sujetó su bolso y con la elegancia de una modelo se adentró en las puertas corredizas.

Penella siguió su caminar hacía el tocador; mientras la veía pasar recordó porqué no debía enamorarse: orgullosa, tormentosa, bella e interesada.
“Casi una mujer perfecta para mí” pensó. 

*

“Inepto, no has pedido nada. Si voy a pagar tu borrachera tan siquiera que sea con algo que me guste”. Encargó al mesero dos martinis mientras arreglaba la falda para poderse sentar.

“Te decía, no es que te esfuerces de más sino que eres terco. Si una idea te entra en la mente la explotas hasta su última potencia”. No le gustó el resultado de la frase y se mantuvo estoica por unos instantes. Mientras tanto, Penella esperaba su trago. Tenía sed.
Ella lo veía poco, ya se conocían, no hay necesidad de retener la mirada ante los viejos conocidos. Los dos reconocen la verdad de la mentira por las vibraciones en la voz.

Desde el micrófono el vocalista daba gracias al país entero ¡Cómo si toda la población tuviera la desfachatez de viajar para semejante espectáculo!.
Penella hacía retumbar los dedos sobre la mesa con rapidez. Vio sus dedos eran largos y delgados, cliché de pianista.

“Si una idea entra en tu mente la explotas hasta la última instancia -sonrió ante su corrección-. Antes de continuar llegaron los tragos. Él agradecido dio el primer trago.

“Otra cosa” dijeron los labios afinados.

“¿Te has dado cuenta que utilizas muletillas antes de empezar a hablar?.” Contestó él copa en mano.
Ella vestía una falda a arriba de la rodilla con cinturón incluido; pasando su esculpida cintura una camisa de tirantes color blanca complementaba el conjunto.

“Ehm… da igual. No trates de distraerme, Penella.” Sonrió y mostró su dentadura blanca, alineada, contrastante, simulante de marfil.
“Tú problema es que vives fascinado por la intensidad del amor, por eso mismo eres incapaz de ser ser correspondido” dijo la torneada mujer. “Es imposible enamorarse de ti porque tú no amas a las pésimas mujeres con las que tienes el infortunio de salir sino que te enamoras del amor mismo”. Sentenció.
Su acompañante ya no escuchaba, más bien se concentraba en su escote.

Me podría casar con Ella ¡No ahorita, claro! En unos veinte años. Sí, sí. Yo de cincuenta y cinco. Podría compartir el piso; es tan orgullosa que compartiría la renta. siempre elimina cualquier nudo que atente contra su libertad.” pensaba Penella acercando la copa vacía a su boca.
Mala costumbre esa de beber, una vez que se empieza cuesta trabajo detenerla.

“Todas las que te he conocido están locas, medio zorpilas. (término de definición hasta ahora desconocida, utilice el adjetivo ofensivo que prefiera querido lector) En fin, cuando una se va llega otra peor que la anterior”. Decía Ella.

“Necesito una buena mujer, más de lo que necesito de una máquina de escribir; necesito tanto una buena mujer que puedo saborearla en el aire, puedo sentirla en la punta de mis dedos, puedo ver veredas construidas para que sus pies caminen sobre ellos”. Estaba tan exhorto en sus pensamientos que, involuntariamente movió la cabeza hacía la derecha; del techo colgaba una mujer de luz león verde, en la boca detenía una botella de cerveza. Se preguntó si su acompañante que no paraba de hablar sin ropas tendría la misma anatomía.

“Tu problema con las mujeres es que las buscas bellas y se sienten culpables por serlo; por eso andan repatriando su atributos por doquier.
He de aceptar que de las últimas que me has comentado no han estado tan mal; son más ingenuas que tontas… no te entiendo del todo ¿Eres ciego o cobarde?”

Si le digo que la amo ¿Qué pasaría? Total, el “no” ya lo tengo en la bolsa…”

Así es, aunque finjas no escucharme sabes que es cierto: la línea entre el amor y el capricho se difumina en cada andar” dijo entre carcajadas. Al pensar el comentario un halo de tristeza apareció en sus ojos, por un instante se vio reflejada en la misma situación.

Un silencio incómodo nació en la mesa. Al menos para Ella porqué Penella y sus oídos medio sordos de milagro escuchaba lo que decían. Toda su atención se centraba en sus labios.

Y si me atrevo a besarla. Siempre he querido recibir una bofetada de rencor femenino. De seguro ni duelen, después del beso de una chica guapa nada puede salir mal”. Una voz en su interior le decía que era mala idea.

Necesitas una buena mujer; de esas pocas que tienen instinto maternal. Acéptalo eres como un niño, te tienen que atar, poner cuerdo…”

Escucha… sé que parece una locura” empezó a decir con lengua corrediza Penella. “Olvídalo no tiene sentido; me vino a la mente tu historial de amantes y se me revolvieron las tripas”.

Volvieron a resonar los discos en lugar. Los habitantes del bar ya han perdido interés por la mujer de la mesa del centro; el bartender comenzaba a pedir propina para servir tragos, se vislumbraba la media noche en todo su esplendor.
La mente de Penella trataba de bloquear el habla. Quizá por eso no se le entendía bien,  o sería la bebida. Sabrá dios.

“¿Has releído alguna de tus obras?” preguntó Ella. “Deberías hacerlo, te sorprendería la mutación de tus futuros personajes. A lo mejor, algún día, podrás escribir una historia de amor con final feliz”.

“Creo que nadie ha leído mis obras, fuera del minúsculo grupo de amistades que he podido mantener a través de los años. Los finales felices solo sirven en el albur. El estar enamorado ofusca el pensamiento, aleja a la claridad… nunca he podido escribir durante una relación; por eso no tengo “finales felices”. Contestó Penella malhumorado.

“Necesito una buena mujer más de lo que necesito escribir”. Dijo para sus adentros.
“¿Dices tú que necesito una buena mujer?” aseveró Penella con voz entrecortada. Los ojos le pesaban; llevaba demasiadas horas sentad; temía del viento; había bebido en exceso. Dicen que la oxigenación después de tres tragos nunca es buena…

Abrupto en sus pensamientos Penella acabó clavado en la silla, Ella le dijo que tuviera paciencia, que no debía tomarse todo tan en serio… que, a veces, el amor es un juego cruel inventado por los niños para hacerse daño, entre otras muchas otras cosas que le subieron artificialmente el ánimo. Quiso corresponder ante tanto cumplido pero no pudo, sólo pensaba en lo amargo de su soledad y lo bien que le caería un beso antes del amanecer.

“No te olvides de los amigos” Dijo Ella hora atrás… cómo era su costumbre pagó la mitad de la cuenta. “Orgullosa, haces cualquiera cosa para sentirte libre”.
!Ah, los amigos! Siempre que se necesitan, decepcionan!” alcanzó a decirle antes de la huida.

Con tedio el mesero se acercó hasta su lugar; tomó la billetera que simulaba piel y exigió la mitad restante. Una vez depositados los billetes preguntó si se le ofrecía algo más. Rechazó la solicitud meneando de lado a lado el dedo índice.
Las luces del lugar se fueron atenuando de poco en poco. El último cliente del bar tomó su abrigo y abandonó la periquera metálica.
Sin mala intención deseo la muerte del mesero que ya volteaba las únicas dos sillas que no estaban sobre las mesas.
Le suplicó que cerrara la puerta al salir.

Penella por primera vez sintió el peso de sus treinta y cinco años en la espalda… al abrir la puerta los rayos del sol iluminaron su camino. La luz cegó sus ojos; con determinación dio un paso al frente, estrelló con vigor la suela del zapato al asfalto. Se sintió como un niño que comenzaba a caminar: mucho esfuerzo y poca técnica.
Abandonó el lugar con una nuevo boceto que convertir en historia, y dijo para sí mismo en voz alta:

“Sé que existes buena mujer”
“Sé que existes”.