La época de Camus


“!Oh, no es suficiente! Con tal ostentación y tal mirada triunfante hacia mi lado que por primera vez desde hacía muchos años tuve un estúpido deseo de llorar porque sentí cuánto me detestaba esta gente.” – Albert Camus.


Análisis del discurso de aceptación del Nobel de Literatura de Albert Camus:

Discurso pronunciado por el escritor Albert Camus cuando se le entregó el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo en 1957.
Se titula “La misión del escritor”:

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Elementos para el análisis:

  • Perfil del hablante.
  • Historia del Premio Nobel.
  • Condiciones de producción del discurso.
  • Características del discurso.
  • Significado de palabras.
  • Se analizará principalmente por medio de la hermenéutica el discurso de Albert Camus “La misión del escritor”.

Perfil del hablante:

Albert Camus nació en Mondovia, Argelia en 1913; es recordado por su trabajo literario en los siguientes géneros: novela, teatro y ensayo.

Su padre Lucien Camus, muere durante la Batalla del Marne en la Primera Guerra mundial en 1914, por lo que es criado por su madre Catalina Elena Sintes que era analfabeta y casi sorda.

Camus ingresa a la Universidad de Argel a estudiar Filosofía, carrera que deja trunca por haber enfermado de tuberculosis.
Esta enfermedad lo aleja de una de sus grandes pasiones: el futbol. Fue arquero del Club Racing Universitario de Argel.

Recuperado de la tuberculosis, Camus forma una compañía amateur de teatro que representa obra clásicas.
En 1940 se traslada a vivir a París donde trabaja como redactor en el diario “Paris-Soir”.
Un año antes publica “Bodas” que es una recopilación de notas de viaje y reflexiones acerca de literatura.
Su auge como escritor se da cuando sale a la luz “El extranjero”  y con el ensayo “El mito de Sísifo”, donde se muestra el pensamiento existencialista del autor.
Fue miembro de la Federación Anarquista Francesa y miembro del Partido Comunista hasta que Alemania y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) firma el pacto germano-soviético.
Durante la Segunda Guerra Mundial se alinea con la Resistencia y funda el periódico subversivo “Combat”, y de 1945 a 1947 fue editorialista en este medio.
En 1957 gana el premio Nobel de Literatura porque “el conjunto de su obra pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”.

Junto a Jean-Paul Sartre se le considera uno de los filósofos más importantes de la corriente existencialista; estos dos autores comparten la “pasión inútil” del hombre.
Inclusive fueron amigos hasta que se desató una polémica entre quién era el verdadero autor de estas ideas. La relación se vio afectada por el tendencia política de Sartre que nunca desistó al comunismo.

Camus muere el 4 de enero de 1960, en un accidente automovilístico cuando el sobrino de su editor conducía cerca de la región de Le Petit-Villeblevin. En el lugar de la muerte se encontró el manuscrito de una novela inconclusa “El primer hombre” con un alta carga autobiográfica.
Fue enterrado en el cementerio de Lourmarin.

Historia de los premios Nobel.
Estos se conceden cada año a personas, entidades u organismos por sus aportaciones realizadas en los campos de la Física, Química, Fisiología, Medicina, Literatura, Paz y Economía.
La primera entrega fue el 10 de diciembre de 1901. No se han entregado en siete ocasiones: 1914,1918, 1935 y de 1940 a 1943.
El premio (una medalla de oro, diploma y alrededor de un millón de dólares americanos) son financiados por el testamento del químico Alfred Bernhard Nobel y es entregado por un la Academia de Estocolmo.

Las condiciones de producción del discurso:
Para 1975, Albert Camus ya tenía publicadas 15 de sus 18 obras. Se le puede considerar un autor consolidado, con una narrativa evolucionada y una idiosincrasia marcada.
Con la obtención del Premio Nobel de Camus, la literatura existencialista quedará marcada en la historia universal.
Vale la pena recordar que Jean-Paul Sartre rechazó el premio en 1964 porque “tenía como regla rechazar cualquier reconocimiento entre el hombre y la cultura que se desarrollan directamente a través de Instituciones”.

El panorama histórico mundial de Sartre era el siguiente:
El satélite estadounidense, el Explorer 1 es puesto en órbita; momento determinante para la carrera tecnológica entre los dos modelos económicos predominantes del siglo XX, el socialismo real y el capitalismo.

El 25 de febrero, Bertrand Rusell pone en marcha la Campaña por el Desarme Nuclear.

Fulgencio Batista el 20 de mayo lanza una contraofensiva contra los rebeldes en la Sierra Maestra contra los rebeldes de Castro.

En abril comienza la gran recesión del 85 en Estados Unidos.

Entrados en el mes de julio, Charles de Gaulle decreta la Quinta República Francesa.

Se pone en marcha la Operación Argus, el 27 de agosto, en la cual Estados Unidos comienza los  ensayos nucleares en el Atlántico Sur.

Disturbios raciales en Notting Hill, Londres (30 de agosto).

La URSS realiza una prueba nuclear en Novaya Zemlya el 30 de septiembre.
Se produce el golpe militar en la ciudad de Argel.

Levantamiento tibetano contra la China de Mao.

Características del discurso:
Es un texto cerrado porque abre dos interrogantes principales: 1. La función del escritor y 2. La misión del escritor.

Los elementos intratextuales del discurso son conocidos, el narrador es el propio Albert Camus que recita frente a miembros de la Academia Sueca, diplomáticos, funcionarios públicos e intelectuales.

Fuera de las primeras líneas que dirige a la Academia por honrarlo con el premio Nobel el discurso no esta dirigido a sus miembros; sino a la población en general que es el máximo receptor del mensaje.

El discurso trata de convencer a la población de general de sus ideas; es una abertura a su persona, como en el cuento de Borges en que se divide en 2: el Borges que es un ciudadano común y el personaje que representa Borges como escritor.
Por otra parte, Camus confía en que el receptor va a descifrar su significado porque no es reiterativo ni excesivamente mordaz en ciertos aspectos; considera competente a los que se interesen por su discurso.

Las modalidades de sentido son discretas ya que no utiliza signos enfáticos para resaltarlas, sino que descansan en el contenido de las palabras, en los paradigmas del discurso.

El mensaje focaliza la libertad del hombre y su rol cívico, la naturaleza egoísta del ser humano y muestra su opinión al respecto en primera persona. Por ejemplo: “A mi ver”. De forma relativa aparece en “Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo”.

Y las modalidades del enunciado no dejan de aparecer por el alto uso de palabras con ejes afectivos, éticos y lógicos, como: desdicha, incesante, solitaria, privilegiada, dolor, alegría, semejanza, honor, deshonor.

Significado de palabras:

Libertad: La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.

La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.

Mentira: portavoz del odio y de la ceguera. Sinónimo del odio: en cuanto mejor odian, más mienten. La prensa mundial, con algunas excepciones, no conoce hoy otra jerarquía. A falta de otra cosa, mi simpatía va hacia esos, escasos, que mienten menos porque odian mal.

Análisis del discurso de Albert Camus:
La misión del escritor”
cuenta con mil 646 palabras divididas en once párrafos.
En el primer párrafo comienza mostrando gratitud hacía la Academia de Estocolmo que le entrega el premio Nobel, y se adula diciendo que esa recompensa “excede sus méritos profesionales”.

Seguidamente el autor describe que tras la obtención del máximo mérito literario necesita reencontrar su posición que se encuentra entre los reflectores y la nubosidad del premio y su verdadero rol como escritor.

Camus describe que este premio lo exhibe ante toda la humanidad, él se percibía a sí mismo como un escritor discreto acostumbrado a “vivir en la soledad del trabajo” y “en el retiro con los amistades”.
En cierta forma acepta que este premio afectará su rutina diaria por las avalanchas de entrevistas que se vienen.
De forma oculta, la obtención del Nobel aumenta la expectativa de su futura obra por haber recibido esta distinción.
Y es que, cómo aclara una líneas después, esa gratitud sólo lo han merecido unos cuántos escritores “los más grandes” según él.
Concluyendo el párrafo, Camus no puede definir sus sentimientos frente a la honra del Nobel mientras en el mundo haya escritores no reconocidos en naciones con situaciones de desgracia.

Ante ésta disyuntiva emotiva, el escritor argelino recurre a los dos grandes pilares que tiene su vida: la idea que se ha forjado de arte y la misión del escritor.
Camus acepta que “no puede vivir sin su arte”, no sin la totalidad del concepto arte; es una asimilación que el arte tiene una función económica, la cual le permite subsistir por primera instancia y mantener un estilo de vida que le permite liberar su potencial artístico.

Continúa definiendo a su ver lo que es arte “que no es una diversión solitaria… es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes”.
Con esto encontramos que el arte no es un individualismo, sino una función narrativa con la función de aumentar y unir por medio de imágenes a la gama sensible de la mayoría de las personas.

Más adelante extiende su definición: “Obliga, pues al artista a no aislarse(…) y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos”.

Posteriormente, en el quinto párrafo, Camus sentencia que el artista se forja con su participación activa en la vida social y en constante encuentro con uno mismo.
Agrega que el escritor debe ser libre, por lo tanto no puede ponerse al servicio de los que hacen o los que escriben la historia porque está renunciando a su ideal como artista. En cambio, el artista debe de ver por los que sufren, debe dar voz a aquéllos que callan.
En el momento en que el escritor sale a la calle y rompe con su soledad, puede perfeccionar su trabajo al darle una función social.

Camus define los objetivos que tiene un escritor: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad.
Por parte de la verdad es una orden para romper con las falsas realidades y el acomodamiento .
Lo anterior evoca por la eliminación del prejuicio, la ignorancia.

Mientras que en el servicio de la libertad es no permitir que las presiones ajenas modifiquen la escritura por miedo a la represión (censura), que es un atentado intelectual como el que se vivía en la Unión Soviética, donde el arte que no abogada por la revolución marxista era considerado reaccionario y por lo tanto no tenía cupo en el universo pragmático de ese entonces.

Dentro del sexto párrafo, Camus dice que el único sentimiento que lo ha sostenido en veinte años es el de escribir.
La escritura en  él se torna el centro de su existencia, lo anterior lo obligaba a deslindarse de su individualidad y “compartir con los demás la misma historia, desaventura y esperanza”.
En la frase anterior encontramos un absurdo ante la vida, porque todos sufrimos de los mismos pesares. Sin importar qué tanto nos esforzamos el sufrimiento será el mismo y se traspasa de generación a generación que dejan un legado que no podemos entender.
La vida es una lucha constante ante el sufrimiento generalizado que provoca el sólo hecho de existir.
Cuando Camus expresa que se obliga a compartir se puede referir a que es un narrador de historias y que necesita desahogarse con los demás para poder ser un creador.
Después explica quiénes eran los hombres con los que se rodea: “Aquellos nacidos al comienzo de la Primera Guerra Mundial, que tenían 20 años cuando se instaló el poder hitleriano y las primeras revoluciones (…) la de el universo del campo de concentración y la Europa de tortura y prisiones”.
Lo anterior refleja lo que es ser un hombre postmoderno, es la herencia de las Guerras Mundiales, del mundo que tiene como ideal la supremacía y el odio.
En una entrevista Albert Camus agregó que la Europa de ser la tierra del humanismo se ha convertido en la tierra de la vergüenza por el genocidio y la supremacía de las ideologías.

En las líneas “Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error con los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época”.
Es un paradigma que invita a la población a no dejarse vencer por el panorama desalentador que descansa en la Tierra; es una invitación a la unión social y a la organización porque la vida es un sentimiento de intensidad en la que se lucha contra el instinto de muerte que agita a la historia.

El octavo párrafo es el más enriquecedor porque muestra un entendimiento ideológico perfecto del siglo XX que es el heredero de revoluciones fracasadas, técnicas -¿De producción?- enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas.
Además asimilar que su generación no podrá salvar al mundo pero, que tiene una misión aún más importante, que es salvarlo, abre brecha para el pensamiento ecologista.
Camus hace un desgarradora prospectiva de su época, en la que los hombres no se volvían locos o mediocres por gusto sino por el derrumbamiento del ambiente que lo rodea.
La idea “la inteligencia humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión” habla de los sistemas de convencimiento de la propaganda, de la instrumentalización de la existencia humana para el beneficio de particulares que están al mando de las ideologías.

Encontramos en ese mismo párrafo un panorama ideal del mundo: la restauración de paz entre las naciones. Un trato que no esclaviza una a la otra (como en el Tratado de Versalles).
Camus agrega el panorama tendencial en el que duda que su generación sea capaz de semejante hazaña.

El noveno párrafo da otro sentido a la existencia del escritor, los hace responsables de preservar la belleza y el dolor de su época ante los eminentes destructores de la historia (que es la naturaleza malvada del hombre).

Por último, sentencia que él como ningún otro intelectual tiene la verdad absoluta; ha fallado y aprendido de sus fallas; cada caída lo ha fortalecido y le ha enseñado que la dicha del hombre radica en estar condenado a ser libre.
Una vez que se ha mostrado ante la audiencia se siente libre, transparente y acepta el premio que le concede la Academia y le da un función que es mantener firme la promesa que hacen los artistas todos los días al despertarse que es la de no traicionarse a sí mismos.

Análisis cuartos de final del futbol mexicano: Pumas-Monterrey


“¿Cómo nos desintoxicamos de lo que sucede en un estadio? Con el próximo partido. El fútbol es una enfermedad que se cura a sí misma.” – Juan Villoro

 Por primera vez en este espacio me daré el gusto de escribir sobre futbol.
Los que me conocen personalmente sabrán que soy seguidor de los Pumas. Los que únicamente me conocen por este blog, podrán haberse dado cuenta que mi Avatar soy yo en el Estadio Olímpico Universitario.
Sin embargo lo anterior no es importante. Lo que sí es importante es la postura de los periodistas deportivos que dan como favorito al Monterrey para alcanzar las semifinales del certamen local.

Primeramente, el comienzo de la Liguilla da paso a lo más rescatable del futbol mexicano. La siempre polémica fase de eliminación directa fomenta a la mediocridad deportiva porque permite a casi la mitad de los equipos luchar por el campeonato, cierto. Que esta instancia produce más emociones y paros cardíacos que en las diecisiete jornadas regulares es otra verdad irrefutable.

 Volviendo a los periodistas, desde la derrota de los Pumas como local ante el América el domingo pasado se ha manejado en la prensa  una -falsa- hipótesis de que, los universitarios tienen “todas las de perder” en la llave contra su rival que sigue siendo el campeón de México.

No dudo que sea el partido más atractivo en esta instancia, inclusive me atrevo a concluir que es la “final adelantada del torneo”. Uso comillas porque sigue siendo una subjetividad y una osadía de mi parte escribirlo.

De todas formas, las posturas expuestas ayer en el noticiero “La Jugada” de Televisa con: Javier Alarcón, el ex delantero Ricardo Peláez, el fracasado técnico del América y exitoso entrenador de la Selección Mexicana Sub-17 Jesús Ramírez y el regionalista Roberto Gómez Junco dejan mucho que desear.

 Las ideas mal fundamentadas de estos periodistas provienen de la misma ceguera que sufre cualquier fanático futbolero; se menosprecia a Pumas que fue uno de los pocos equipos regulares durante el torneo por una derrota insignificante ante el América. Sí, leyeron bien. INSIGNIFCANTE ¿Por qué? Simple, Pumas tenía un sólo objetivo permanecer como el líder del torneo general.

¿Qué fue lo que pasó entonces? El futbol decidió repetir un fascículo de la historia, no hay que remontarse a tiempos de antaño, hace seis meses el cuadro felino se jugaba el pase a la Liguilla contra el América  en su estadio contra un equipo ya clasificado.
El equipo de Coapa fue incapaz de dejar fuera a Pumas fuera de la “fiesta grande”. Lo mismo pasó este torneo.

Pareciera que no abordó el tema en cuestión, pero es imposible hablar de futbol sin dar rodeos; este deporte es más que once monigotes corriendo detrás de un balón. Es la disciplina donde jóvenes, ancianos y vándalos descargan todas las malas pasadas que trae la vida.
Si tan sólo fuera un deporte o una pasión no sería un negocio tan redituable, ni tema de conversación recurrente en los inicios de semana.

¡Cómo sea! A continuación viene un listado por lo que los Pumas tienen posibilidades de pasar a las semifinales de este torneo:

1. Sólo un equipo de los ocho que participan en la Liguilla pudo ganarle a los universitarios. El ganador fue América cuando los Pumas ya habían asegurado un puesto en las rondas de eliminación directa.

2. Las estadísticas señalan que Pumas es mejor  local y visitante que Monterrey este torneo.

3. El antecedente más cercano entre estos dos equipos terminó con una victoria en C.U. para el equipo del pedregal (3-2, fecha 4).

4. No se puede dejar atrás el tema de las lesiones: mientras Pumas no podrá contar con el creativo Leandro Augusto para el juego de ida, recupera al defensa Efraín Velarde. En contrapuesta, Monterrey tiene imposibilitados al delantero Aldo de Nigris y el mediocampista Luis Pérez.
Se debe mencionar que Pumas no ha sufrido de más la ausencia de esos dos jugadores: el relevo, Fernando  Espinoza, cumplió satisfactoriamente la baja del número dos en la saga defensiva; mientras tanto, el canterano David Cabrera se acopló bien con Israel Castro en la labor de recuperación y distribución del balón.
El cuadro regiomontano tiene un plantel lo suficiente basto como para suplir a estos jugadores, inclusive tienen más de un opción como relevo. Aunque la simple imposibilidad de utilizarlos es una desvantaja para el planteamiento táctico del juego.

5. El desgaste físico por parte del la “Pandilla” es mayor al del equipo capitalino por su participación en el siempre menospreciado torneo de campeones de la Concacaf (más conocido como la “Concachafa”).
Monterrey levantó la copa de este torneo sufriendo de más contra el equipo estadounidense del Salt Lake City. En el partido de ida en la cancha del Tec, el desempeño de “la pandilla” dejó mucho que desear. De ese partido la cuadrilla técnica universitaria puede aprender muchas cosas.

6. La posición en la tabla regala a los Pumas un gol. El cuadro universitario salta a esta Liguilla desde el minuto cero con “un gol de diferencia”, ya que el empate le permite avanzar a la siguiente ronda.
Guillermo Vázquez Jr, director técnico de Pumas debe planear la estrategia del partido con esa idea. Con el marcador global empatado los dos equipos felinos pueden enfrentarse en la final; si estos equipos la enfrentarán podría llegar a ser campeones anotando un sólo gol en los seis partidos que se disputan en la Liguilla.
¿Mediocridad, Decio de María, Justino Compeán? Es pregunta.

7. Monterrey está obligado a salir a ganar. La forma más sencilla de pasar a la semifinal es ganando en casa. Se juega más en el partido de ida que en el de vuelta. El jugador del partido entrará de cambio -puede ser de cualquiera de las dos bancas-.

8. Víctor Manuel Vucetich, técnico de los Rayados que ha ganado todas las finales que ha competido no podrá jugar al contragolpe como tanto le agrada, ya que, Pumas clasifica con el empate.

Pumas tiene en su contra:

1. La alineación implementada por Memo Vázquez Jr. (el “engañoso” 4-3-3) ya no es novedad; fue utilizada la Liguilla pasada, con ella acarició la final en su primer temporada como director técnico formal (había estado como interino en la época obscurantista que dejó Hugo Ego Sánchez después del bicampeonato y Miguel España) ¡Tan sólo de recordarlo un halo de soledad y muerte reposaban en mis ojos.

2. El partido contra el América destapó la GRAN debilidad de los universitarios: si se le encierran detrás del medio campo achicando los espacios, Pumas no puede atacar.

3. La inexperiencia de Vázquez Jr. Es una arma de doble filo: es peligrosa ya que puede amontonar al equipo en la zona ofensiva -los cambios hechos el domingo pasado comprueban lo anterior- cómo puede ser una ventaja, el técnico de complexión redonda, estatura baja y alopecia ha regresado la chispa ofensiva a Pumas, poderío que el “Tuca” Ferretti apagó durante años.
Le pese a quién le pese, Pumas es sublíder de la competencia, cuarto lugar en la tabla descenso, y consiguió su última estrella gracias a la disciplina del brasileño que es la única voz irónica y de opinión fuerte entre los técnicos, porque “el Chelís” y Carlos Reinoso no son más que bufones, más motivación que técnica-conocimiento -llámenme amargado, no me importa-.
A lo que iba es que Pumas llegó a la final contra Pachuca más por esfuerzo y garra que por técnica y/o idea futbolística con un gol de último minuto ante un Puebla que le entregó cuarenta y cinco minutos el esférico.

4. Los del Pedregal ha perdido el olfato goleador en las últimas jornadas. No está de más decir que  de los cuatro penales que se le han presentado al cuadro que visita mañana al Monterrey, tan sólo pudo anotar uno.

5. El “factor Chupete” es algo escalofriante: enfrentarse a la mejor delantera de México y a ese pelón que, por mucho, es el mejor delantero que tiene la liga.

6. Por último, el gran momento de Jonathan Orozco nubla la obscurecida delantera puma, y, por si fuera poco, el juvenil Hiriam Mier, al cual entrego la estatuilla como Novato de la Temporada, complica la labor universitaria. ¿Recuerdan que antes los Rayados tenían una defensa de papel? Bueno, esos tiempos se acabaron.

Pareciera desde mi perspectiva que la balanza se inclina hacía el lado puma. Sí y no.
Negativo porque el plantel del Monterrey es mucho más competitivo que el cuadro juvenil de Pumas. Ayer el portal Medio Tiempo estimó a la plantilla regia en 65 millones de dólares, en cambio, los capitalinos como conjunto tienen un valor de 31 millones.
El dinero no hace un gran equipo. Pregúntenle al Real Madrid, al Manchester City, Chelsea o América. Sin embargo, habla del poderío de las escuadras.
En el balompié hay distintas posturas; evitaré ser más polémico de lo que este texto ya pudiera llegar a ser.
Afirmativo por la regularidad de Pumas, la gran ventaja de cerrar las series en casa y el pase en caso de empate por estar mejor posicionado en la tabla.

Ya para terminar, retomaré la tesis original esperando sus comentarios: ¿Qué tan dispareja es esta llave comparando que Pumas rompió su propio récord de puntos en torneos cortos con 35, contra los 26 de Rayados que llegado enfilado a la Liguilla? Se deben agregar en esta apuesta todos los puntos anteriormente comentados.

Por último, los comentarios absurdos de la cuadrilla de Televisa denota que, al igual que la mayoría, son fanáticos del fútbol. Por esto mismo falta frialdad a la hora de hacer análisis; lo que los conlleva a emitir juicios huecos.

Gómez Junco resaltó el poderío ofensivo. Sin embargo, deshecha la mayoría de los puntos que tienen a favor los Pumas. Sin mencionar su ya conocida postura de defender a os dos equipos de la Sultana del Norte.

Javier Alarcón resalta en demasía el momento anímico. Las Liguillas son torneos por aparte que se juegan con distinta mentalidad y planeamiento. Poco quedará de los Pumas desorganizados del domingo anterior, mismo futuro para el Monterrey inestable del torneo regular.

Ricardo Peláez, como buen ex-futbolista aboga por los fenómenos climáticos de la Ciudad de México: temperatura y altura.

Jesús Ramírez poco pudo hablar, después de su paso como director técnico del América a nadie le importa su opinión; se limitó a acreditar a Gómez Junco, resaltó la “baja de nivel en las últimas jornadas del cuadro universitario”.

Este jueves 5 de mayo es el partido de ida a las siete de la tarde es el partido de ida, donde las Rayas y los Pumas se juegan más que medio boleto para las semifinales.

Foto extraída de: http://bit.ly/iYvMKJ

El laberinto interminable de las leyes


“Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien“-Victor Hugo.

Análisis de “El proceso” de Franz Kafka

La obra “El proceso” escrita por Franz Kafka aparece en el mundo editorial en 1925,  Max Brod terminó de escribirla basándose en el manuscrito que dejó el autor antes de su muerte.

Kafka nace el 3 de julio de 1883 y muerte en 1924.  Es considerado como ídolo de la literatura del siglo XX gracias a sus obras: “La metamorfosis” , “El Castillo” , “América” y “El proceso”.

Joseph K -personaje principal de “El proceso”- es un bancario respetado en su ámbito social; al despertar un día cualquiera se encuentra envuelto en un embrollo judicial. Es detenido bajo una acusación que ignoran él mismo, sus captores, el abogado, los jueces. En fin, al parecer, todo el sistema judicial desconoce la acusación. A pesar de todo lo anterior, el proceso tiene cabida y Joseph K., lucha por recuperar su honor y libertad durante un año exactamente.

A continuación se citarán las lagunas y el funcionamiento legal dentro de “El proceso” que comienza de la siguiente forma:
Alguien tenía que haber calumniado a Josef K pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo. La cocinera de la señora Grubach, su casera, que le llevaba todos los días a eso de las ocho de la mañana el desayuno a su habitación, no había aparecido”.1
Desde un comienzo el autor nos da la sensación de que algo malo ha sucedido mientras su personaje dormitaba. Tocaron a su puerta tres individuos, encargados de bajo rango que en actitud déspota y sin ningún tipo de documento han entrado a su hogar y le anuncian que es parte de un proceso. Mientras tanto, es amenazado:
—Quiero ver a la señora Grubach —dijo K, hizo un movimiento corno si quisiera desasirse de los dos hombres, que, sin embargo, estaban situados lejos de él, y se dispuso a irse.
—No—dijo el hombre de la ventana, arrojó el libro sobre una mesita y se levantó—. No puede irse, usted está detenido.
—Así parece —dijo K—. ¿Y por qué? —preguntó a continuación.
—No estamos autorizados a decírselo. Regrese a su habitación y espere allí. El proceso se acaba de iniciar y usted conocerá todo en el momento oportuno. Me excedo en mis funciones cuando le hablo con tanta amabilidad. Pero espero que no me oiga nadie excepto Franz, y él también se ha comportado amablemente con usted, infringiendo todos los reglamentos. Si sigue teniendo tanta suerte como la que ha tenido con el nombramiento de sus vigilantes, entonces puede ser optimista. K se quiso sentar, pero ahora comprobó que en toda la habitación no había ni un solo sitio en el que tomar asiento, excepto el sillón junto a la ventana.
Ya verá que todo lo que le hemos dicho es verdad—dijo Franz, que se acercó con el otro hombre hasta donde estaba K. El compañero de Franz le superaba en altura y le dio unas palmadas en el hombro. Ambos examinaron la camisa del pijama de K y dijeron que se pusiera otra peor, que ellos guardarían ésa, así como el resto de su ropa, y que si el asunto resultaba bien, entonces le devolverían lo que habían tomado.
—Es mejor que nos entregue todo a nosotros en vez de al depósito —dijeron—, pues en el depósito desaparecen cosas con frecuencia y, además, transcurrido cierto plazo, se vende todo, sin tener en consideración si el proceso ha terminado o no. ¡Y hay que ver lo que duran los procesos en los últimos tiempos! Naturalmente, el depósito, al final, abona un reintegro, pero éste, en primer lugar, es muy bajo, pues en la venta no decide la suma ofertada, sino la del soborno y, en segundo lugar, esos reintegros disminuyen, sexperiencia, conforme van pasando de mano en mano y van transcurriendo los años”2.

Alarmado sobre su situación K., trata de investigar más sobre el caso pero nadie puede decirle de que se trata. En la experiencia de lectura, se nota a una persona racional que mantiene su inocencia como cumbre básica dentro de su discurso. Pero, conforme van pasando los capítulos, la ansiedad lo captura ¿Será que realmente es inocente? ¿Cómo ser o no serlo si uno desconoce de que lo inculpan?.
Cuando se enfrenta por primera vez ante un jurado, Joseph K., no se cansa de sentenciar el abuso de los oficiales que lo detuvieron, la falta de seriedad con la que se han llevado las acciones legales. En fin,  se queja del trato recibido durante el procedimiento que apenas comenzaba.
Para empezar los juzgados se encontraban en los áticos de los edificios donde el aire estaba cargado por falta de ventilas. Kafka hace una ligera metáfora del ambiente mundano del mundo de leyes. Diciendo que el aire se encontraba “cargado”,  se refiere a que el hombre por sí mismo es sucio y cuándo el aire no limpia su ambiente la suciedad se impregna al medio ambiente.
Los cuartos eran de madera, a sus lados había habitaciones donde burócratas trabajan sin parar, aunque no entendieran propiamente cuál era su función.

Dentro de los juzgados, “K creyó entrar en una asamblea. Una aglomeración de la gente más dispar ––nadie prestó atención al que entraba–– llenaba una habitación de mediano tamaño con dos ventanas, que estaba rodeada, casi a la altura del techo, por una galería que también estaba completamente ocupada y donde las personas sólo podían permanecer inclinadas, con la cabeza y la espalda tocando el techo. K, para quien el aire resultaba demasiado sofocante”3. Ahí fue criticado por llegar una hora y cinco minutos más tarde de lo citado; le fue imposible llegar a tiempo debido a lo ilógico de que en cada azotea de la ciudad se encontrarán los juzgados cívicos (cosa que le sigue sorprendiendo en el estudio del pintor Tittorelli).
Una vez que la corte entra en acción, K se da cuenta de que en las primeras filas tan sólo se encuentran ancianos. El autor hace una analogía al mundo romano donde los ancianos eran respetados por su experiencia y conocimientos.
Al sentir que una cantidad razonable de los asistentes estaban de acuerdo con su quejas, K en un acto de valentía exige un trato más digno y la suspensión del caso hasta que no sea bien informado del mismo y/o se muestren pruebas de su culpabilidad.
Por otra parte, el movimiento en la sala era constante, conforma hablaba los asistentes cambiaban de lado y formaban bancadas que eran libres de cambiar de parecer en cualquier instante, así como un segundo antes lo apoyaban con gestos de aprobación, un instante después podían dejarlo solo en medio de un abrumante silencio.

La experiencia de lectura te transporta nuevamente al mundo pasado, la escena podía simular al circo romano, y el gladiador era K., rodeado de jueces con la capacidad de terminar con su vida de bien, con tan sólo agitar su mazo y dictar sentencia.
Sin embargo, esto no sucede. El caso sigue en un ritmo lento, dónde no se sabe si realmente los encargados de emitir justicia están trabajando o es un simple papel muerto.
Kafka sentencia páginas después que: “Los funcionarios les faltaba el contacto con la población, para los procesos habituales estaban bien dotados, un proceso así prácticamente avanzaba por sí mismo y sólo necesitaba un pequeño empujón de vez en cuando, pero en los casos más simples o en los más difíciles se mostraban con frecuencia perplejos. Como estaban sumidos noche y día en la ley, carecían del sentido para las relaciones humanas y en algunos casos lo echaban de menos. Entonces acudían a los abogados para tomar consejo y detrás de ellos venía un empleado con esas actas que, en realidad, se supone, son tan secretas”4.

Lo anterior es una fuerte crítica social, emite desencanto hacía las autoridades que viven alienadas en oficinas. Ellos que son los responsables de mantener el orden en la ciudad no conocen la realidad de la misma, por lo que no saben como actuar ante las irregularidades que se le presenten.
Así mismo, durante la obra hay una sensación de que la autoridad es esclavista.
Las negociaciones no prosperan debido a la cantidad excesiva de revisiones que necesita en cada una de las instancias judiciales; cada una de estas manos siente que su voto es indispensable para el caso (aunque nadie lo conoce y siempre hay un magistrado de mayor rango que el anterior), por lo que el sistema de leyes se vuelve un aparato burocrático con una infinidad de jerarquías que impiden el accionar jurídico.

Sobre el secreto del caso, se anuncia que: “El procedimiento ante los tribunales es, por regla general, también secreto para los funcionarios de bajo rango. Por lo que apenas algunas veces pueden seguir completamente el desarrollo del proceso que están llevando”5. Kafka retoma la burocracia en este tema como el máximo impedimento laboral.
La declaración anterior llega a los oídos de Joseph K., de la persona menos esperada: un pintor que es el encargado de plasmar el ego de los jueces sobre un lienzo.
Él heredó la técnica de su padre, así que tiene contacto con todos los magisterios del sistema.
Una vez en su estudio, el personaje principal se entera de que: “Las resoluciones finales del tribunal no se hacen públicas, ni siquiera los jueces pueden acceder a ellas, por ello se cuentan leyendas sobre los antiguos casos judiciales”6.
Nuevamente notamos como las escalas son infinitas, si los mismos jueces no conocen las resoluciones quién podrá saberlas (¡!), Kafka dentro del libro logra que su personaje -que siempre estuvo en buena disposición ante su desgracia- comience a perder los estribos, ya que, le es imposible conocer el rumbo de su caso.

Volviendo a las resoluciones finales. El pintor informa a K., que existen tres posibilidades para su caso:
La primera se llama la <<Absolución real>> y es cuando la autoridad libera totalmente al culpado del proceso que lleva a sus espaldas. El libro menciona que es un tipo casi inexistente; por lo que, una vez que un individuo (por ejemplo Joseph K.) está dentro de un proceso, le es casi imposible dejarlo atrás.
Además, esta medida casi nunca es aplicada. Por consecuente, aquéllos que estén en un caso jamás dejaran de ser en cierta medida culpables.
El segundo, <<la Absolución aparente>> en un folio de confirmación de inocencia el pintor escribirá el nombre del acusado.  Con ese papel irá a hablar con los jueces que conoce,  estos contactos confieren una “garantía auténtica y vinculante” sobre la inocencia de alguien.
Posteriormente, el pintor dice: “Pero tampoco es seguro que todos me crean, algún juez reclamará, por ejemplo, que le conduzca hasta él. Entonces no le quedará otro remedio que venir. En un su puesto así, se puede decir que la causa está casi ganada, especialmente porque antes le informaré de cómo tiene que comportarse ante el juez. Peor resulta con aquellos jueces que no me atienden desde el principio, esto también puede ocurrir. Nos veremos obligados a renunciar a ellos, aunque no falten algunos intentos, pero podemos permitirnos ese lujo, que unos cuantos jueces aislados no son decisivos. Si consigo un número suficiente de firmas de jueces en esta confirmación de inocencia, entonces voy a ver al juez que lleva su caso. Es posible que tenga ya su firma, en ese supuesto, todo va un poco más rápido. En general ya no hay muchos más impedimentos, ha llegado el momento para que el acusado tenga una gran confianza. Es extraño, pero cierto, la gente se encuentra en esa fase más confiada que después de la absolución. Ya no necesario esforzarse más. El juez posee en la confirmación de inocencia la garantía de un número de jueces y puede absolver sin preocuparse. Así lo hará, sin duda, para hacerme un favor a mí y a otros conocidos, después de realizar algunas formalidades. Usted sale del ámbito tribunal y es libre”.7
Pero uno no es libre, sino aparentemente libre. Lo que consigue esta modalidad es mantener todo el tiempo el caso en las instancias más bajas, por lo que no hay peligro alguno de perder la libertad que poseen los inculpados en las primeras instancias.
En otras palabras, lo que ofrece la <<Absolución aparente>> es obligar a las autoridades a replantearse la existencia del caso.

Y por último la <<Prórroga o dilación>> que trata , según el pintor en que: “El proceso se mantiene de un modo duradero en una fase preliminar. Para lograrlo es necesario que el acusado y el ayudante, sobre todo el ayudante, permanezca continuamente en contacto personal con el tribunal. Repito,  aquí no es necesario gastar tantas energías como para lograr una absolución aparente y, sin embargo, sí es necesario prestar una mayor atención. No se puede perder de vista el proceso, hay que ir a ver al juez competente en periodos de tiempo regulares y, además, en ocasiones especiales, y hay que intentar mantenerlo contento. Si no se conoce personalmente al juez, se puede intentar influir en él a través de otros jueces, sin por ello renunciar a las entrevistas personales. Si no se descuida nada a este respecto, se puede decir con bastante certeza que el proceso no pasará de su primera fase. El proceso, sin embargo, no se detiene, pero el acusado queda casi tan a salvo de una condena como si estuviera libre. Frente a la absolución aparente, la prórroga indefinida tiene la ventaja de que el futuro del acusado es menos incierto, evita los sustos de las detenciones repentinas y no tiene que temer, precisamente en aquellos periodos en que sus circunstancias son inapropiadas, los esfuerzos y las irritaciones que cuestan el logro de la absolución aparente. No obstante, la prórroga también posee ciertas desventajas para el acusado que no se deben subestimar. Y no pienso en que aquí el acusado nunca es libre, pues tampoco lo es, en un sentido estricto, en la absolución aparente.
Se trata de otra desventaja. El proceso no se puede detener sin que, al menos, haya motivos aparentes para ello. Por lo tanto, y de cara al exterior, tiene que suceder algo en el proceso.
Así pues, de vez en cuando se tomarán algunas disposiciones, se interrogará al acusado, se realizarán algunas investigaciones, etc. El proceso debe girar dentro de los estrechos límites a los que se le ha reducido artificialmente. Eso produce algunas molestias al acusado, que, sin embargo tampoco debe imaginarse que son tan malas. Todo es de cara al exterior; los interrogatorios, por ejemplo, son muy cortos, cuando se tiene poco tiempo o, simplemente, no se tienen ganas de comparecer, sé puede faltar presentando una disculpa, incluso con algunos jueces se pueden fijar de antemano las fechas de determinadas formalidades, se trata, en definitiva, ya que uno es un acusado, de presentarse ante el juez competente de vez en cuando”.8

Vale la pena resaltar que esta es la información más importante que recoge K., a través del libro. Le dice cómo funciona el sistema judicial de su ciudad, que, sin decencia alguna impide a la población ser libre (sin mencionar la completa ignorancia del pueblo sobre lo que puede hacer y no puede hacer).
Para la desgracia de K., le es imposible tomar alguna de estas decisiones. Al parecer, su caso había estado en funcionamiento y un año después, cuándo cumple los 31 años de edad. Jospeh K., es arrastrado por fuerzas judiciales hacía una cantera, dónde a sangre fría es asesinado.

Valorando la obra, se puede decir que “El proceso” es una novela que trata del indivdualismo. De como el hombre no puede ser debido a sus Instituciones, porque como dice el pensamiento anarquista, una vez que el hombre  dona sus derechos en alguien más, este los pierde.
Joseph K., es la víctima de un sistema judicial que no tiene razón de ser; primordialmente ese es el objetivo de la historia: hacer notar a su lector que las leyes están para cumplirse sean justas o no, tengan sentido o no lo tengan.
El hombre se ve atado a los líderes de su sociedad.

El final de la obra raya en la genialidad, porque, literalmente el lector pasa 219 páginas esperando el juicio de los magistrados para que éste no ocurra.
La muerte de Joseph K., no tiene razón de ser; nunca se aclara si es una disposición oficial. Tan sólo es asaltado en su casa nuevamente. Quizás fue asesinado por su conocimiento sobre el sistema o, a lo mejor, fue un simple acto de despotismo por parte de las autoridades…

Valorizando la obra, se debe resaltar la forma en que Kafka escribe los diálogos. Siempre hay un pausa en la cual produce tedio al personaje, ya sean las mujeres que habitan con el pintor, el clima, las interrupciones por sus colegas del banco. En cada uno de los diálogos, Joseph K., sufre para conseguir información vital para su caso.

Es una lectura compleja, ya que, propiamente las acciones narrativas no son sustancialmente importantes; todo el libro es una conjunción de acciones que, al final, no tienen valor alguno.
Por esto msmo, Kafka es uno de los grandes escritores del siglo XX, porque logra que sus obras tengan sentido dentro del absurdo de su narratología.
Kafka plasma en esta obra cómo el individuo queda paralizado ante las Instituciones sociales que ha creado para su defensa. En este caso, el Estado por medio del sistema judicial, inculpa a un joven trabajador de un crimen que desconoce, él mismo aboga por su honor y en conseguir una absoluta libertad; cosa que le es imposible bajo el régimen jurídico de su nación.

Desde mi perspectiva, “El proceso” ha perdurado en el tiempo gracias a la falta de representación del hombre común en las Instituciones.
Kafka antes de la Primera Guerra Mundial logró plasmar la realidad contemporánea del ser humano en el sistema globalizado. En el cual, su voz se encuentra oprimida entre partidos políticos que no buscan el bienestar el común y en los largos trámites para efectuar acciones tan simples como un seguro médico, un permiso para manejar, o cualquier acción que necesite de la autorización del Estado.
En “El proceso” el autor prevé que el sujeto ha perdido importancia; ha dejado de ser el centro del universo en la visión paradigmática del mundo; estas mismas ideas aparecen en la tesis de Zigmunt Buman. Sociólogo polaco que acuña el término de las <<sociedades líquidas>>, que son las que: “Levantaban murallas, torreones, fuertes, para proteger a sus habitantes de invasiones o de peligros exteriores. Era común observar, sobre todo en puertos, la colocación de cañones para alejar a piratas o delincuentes.”9
El término líquido contrapone a lo sólido de sociedades anteriores a la actual, en donde todo parece transcurrir en ambientes menos peligrosos, seguros, tranquilos, a salvo, de cierta paz individual y colectiva. Y quiere decir que al igual que el agua u otros líquidos, nuestras sociedades ven escurrir entre sus organismos internos privilegios, conquistas preciadas, que se van a las cañerías, sin nada que las pueda detener.
<<Las sociedades líquidas>> se distinguen por promover los ideales del consumo desmedido, el individualismo, la desvinculación de toda causa justa y la fragilidad de todo vínculo humano.
Cualquier parecido con la literatura de Kafka es mera coincidencia.

Notas:

1: Kafka Franz, “El proceso”, editorial AKAL, básica de bolsillo, España, Madrid, primera edición, 2007, pp.11
2:Op. Cit. pp.3
3:Op. Cit. pp.46
4:Op. Cit. pp 44
5:Op Cit. pp. 107
6:Op. Cit. pp 150
7: Op Cit. pp.152
8:Op Cit. pp.153
9:http://visionpublica.blogspot.com/2009/04/las-sociedades-liquidas.html

Desenmascarando a Goethe/Análisis de “Werther”


“Adiós. No veo para esta miserable vida más fin que la muerte”- J.W. Goethe

La novela epistolar de “Werther” del autor alemán Johann Wolfgang von Goethe, fue publicada en 1774, sin embargo, para los académicos de las letras con su publicación comienza a el movimiento del romanticismo, que es el tipo de literatura predominante del siglo XIX.

El romanticismo adoptó de Goethe ciertos elementos, para la creación literaria, por ejemplo: se destaca la importancia del sentimiento y la imaginación poética, en su contexto histórico, las publicaciones exaltaban al pensamiento lógico y racional; como consecuencia, la literatura no asimilaba la libertad emotiva del individuo. Haciendo de la imaginación una herramienta pobre de los narradores. Cosa que no afectó  a Victor Hugo, George Sand o Lord, Byron, por citar a algunos, que siguieron sus pasos, escritores que hoy en día son leyendas.

La emoción sobre la lógica está indudablemente presente en todo el texto. El protagonista no actúa con lógica ante la situación, que sería aquella que le proporcionaría la razón. En vez de asumir los hechos o buscar una solución lógica, se deja vencer por la emoción de melancolía y sufrimiento, que le lleva a un final igual de bello que de trágico.
También en la obra se exalta la belleza de la naturaleza, que es un lugar común de los románticos usado para exaltar la melancolía de los tiempos sin la Revolución Industrial, que afectó al ritmo de vida de ese entonces.

Fue reutilizada la metáfora shakesperiana de que el clima es un presagio inevitable del destino, Goethe la utiliza en sus primeras páginas, en la escena del baile donde conoce a Carlota: “El baile no había aún terminado cuando los relámpagos que hacía tiempo habíamos visto iluminaban el horizonte y que yo había achacado a efectos del calor, fueron haciéndose cada vez más grandes y los truenos sofocaron la música”.

En las mayoría de los géneros literarios , en que, en el siglo XIX, el tema central es el amor, el personaje principal se vuelve un ser corriente, ligado al pueblo. Goethe rompe con  el prototipo de ser un hombre de gran coraje que se exhibe en distintas aventuras.
Goethe hace de Werther, un personaje del llano que tiene preocupaciones y delirios como los tendrían la población en general. ¿En qué sirve este cambio drástico en los personajes dentro de la literatura? Simple, el lector se ve reflejado en los personajes, haciendo de la lectura un ejercicio más intenso.

Werther” para la desgracia de su creador, fue una de sus decepciones amorosas de la juventud. Goethe, en 1772, terminó sus estudios legales y comenzó a trabajar para la Cámara Imperial del Sacro Imperio Romano Germánico en Weizar, ahí tuvo la fortuna o el infortunio -que cada lector juzgue este accidente- de conocer a la joven Charlotte Buff, y a su prometido Johann Christian Kestner; el escritor se enamoró profunda e instantáneamente de esta mujer; Goethe, tras un intento galante fue rechazado; sin embargo, pudo entablar una amistad con Charlotte, que, de forma honesta aceptó que no había esperanza entre los dos.
Esta despedida se llevó a cabo un 11 de septiembre, el mismo día que Werther escribió en  su correspondencia con Guillermo que daba por muerto su amor.

Otra paralelo es que Charlotte Buff, era la hija de un oficial y tenía muchos hermanos (cosa totalmente apegada a la novela), el autor no duda en repetir su propio cumpleaños con el Werther dentro de la novela, los dos vinieron a este mundo un 28 de agosto.
Dos años después de conocer a su amada fue escrita esta obra; desde mi perspectiva, Goethe fue valiente al publicarla, ya que quedaba expuesto ante el mundo entero al contar esta historia; literalmente está contando sus vergüenzas amorosas a sus lectores.  Goethe tuvo un disgusto con este libro, llegando a escribir que no podría haber sido visitado por un fantasma más vengativo aún cuando Werther hubiera sido un hermano al que hubiera matado. De todas formas, Goethe reconoció el gran impacto personal y emocional que Las desventuras del joven Werther tenía en los jóvenes enamorados y deprimidos. En 1821, le comentó a su secretario que «Debe de ser malo, si no todos tienen un momento en su vida en el que sientan que Werther fue escrito solo para ellos».
Es bastante claro que los académicos no tuvieron que esforzarse demasiado para desenterrar al Goethe que se escondía en el seudónimo de Werther.

Lo trágico de la historia en “Werther”, también conocida como: “Las desventuras del joven Werther” , en muchas ediciones se utilizan sinónimos de desventuras para nombrar al libro, también se le conoce como las “Cuitas del joven Werther”, proviene de un amigo del autor, de nombre Jersualem que, su amor al ser rechazado se suicida con pistolas prestadas.

Como anécdota se puede agregar que Goethe mencionó que su sufrimiento juvenil fue la parte sublime para la creación de su novela, la misma que ocasionó un fenómeno llamado la fiebre de Werther, en la cual, jóvenes enamoradizos y depresivos de Europa adoptaron la vestimenta del personaje para, después arrebatarse la vida; supuestamente está obra arrastró a dos mil lectores a la muerte.

Se debe considerar que “Werther” fue leída en periodo de entre guerras, lo que aumenta  notoriamente la sensibilidad de la población en general.
En la novela, al suicidio se le interpreta como una forma de liberación; el hombre, mediante este acto, se libera de todas sus penas y frustraciones que oprimen a los corazones sensibles y a las almas torturadas por los fracasos humanos. Werther, al no poder alcanzar la felicidad al lado de Carlota, la alcanza quitándose la vida, esperando encontrarla en el divino mas allá.  Desechando la idea de cobardía frente a los problemas de la vida, como observamos en la carta del 12 de agosto, cuando Alberto y Werther mantienen una interesante discusión sobre el tema, y el joven declara el suicidio como un acto de valor y valentía.

En esta discusión, Alberto (esposo de Carlota) le dice a Wether:

¡Siempre extravagente!—. Todo lo aumentas y esta vez llevas el humor al extremo de comparar con las grandes acciones el suicidio, que es de lo que se trata, y que sólo debe mirarse como una debilidad humana; porque con toda certeza es más fácil morir que soportar sin descanso un vida llena de amargura.

A lo que unas cuántas páginas después, Werther contesta:

—(…)Ésta es la historia de muchos. ¡Ah! ¿No es éste el mismo caso de una enfermedad? La naturaleza no encuentra ningún medio para salir del laberinto de fuerzas encontradas que la agitan y es necesaria la muerte—.

A partir de estos ejemplos se alcanzan a observar ciertos rasgos de la personalidad de Werther, un joven apuesto, apasionado, inconstante, fatalista, poco egocentrista, contradictorio a las críticas hechas a la sociedad, ya que, es un aristócrata que ataca la pereza de su clase. A través de las páginas se va descubriendo cómo las acciones externas le afectan de más, ya sea en la educación dada a los menores, la tala de los árboles en una aldea, hacen en sus cartas a este mundo un lugar despiadado donde vivir; lo único rescatable era el amor, y al ser rechazado, su halo de felicidad se vuelve cada vez más tenue. Inclusive, esta situación puede desatar pereza en el lector, pero en el momento que comienza el segundo libro. La debacle emocional de Werther es tan dolorosa tanto para él como para el lector, que aquéllas páginas, en las cuáles, es descrito se vuelven una joya.

Por otro lado, la alta carga de romanticismo hace que el lector pasé de la emoción amorosa al despecho y la melancolía con tan sólo girar una página, haciendo de la lectura un acto apasionado, en el cuál, podemosgritarle” a Werther que abra los ojos, que ese amor será imposible, sin embargo, la vena ese amor vuelve cómplice al lector, al igual que a Carlota, que nunca tuvo las agallas de terminar con esa relación.

Volviendo al suicidio, conforme se vuelve más imposible la relación entre Carlota y Werther, con mayor efusividad vienen a la cabeza los pensamientos suicidas; inclusive, el autor, llega a comentar un inicio de adicción al alcohol por parte del joven, que desesperado encuentra refugio escribiéndole a su amigo mientras que deglute el trago amargo con vino:

Carlota ha reprobado mis excesos… ¡Pero con qué tierno interés! ¡Mis excesos! Porque después de tomar un vaso de vino, sigo algunas veces bebiendo hasta terminar con una botella…

Este mínimo detalle le da verosimilitud al personaje,  ya que, sumido en depresión, el alcohol abre las puertas a los sentimientos, haciendo que el estado ánimo se reanime por un instante, para después azotarnos con la triste realidad de que Werther ama a una mujer que está casada con alguien más.

Las ideas suicidas vuelven cuándo fue relegado de una tertulia, las críticas de los asistentes hacía él lo acongojan de tal modo que escribe lo siguiente:

Quisiera que alguno de ellos tuviera el valor de pronunciar una palabra delante mí, para atravesarle parte por parte con mi espada. ¡Ah! Más de 100 veces he tomado un cuchillo para acabar con mi asfixia. Dicen que hay una noble raza de caballos que enardecidos y cansados al extremo, se muerden por instinto una vena para respirar con más facilidad. Muchas veces estoy en este caso; querría abrirme una vena que me diera libertad infinita.”

Goethe demuestra la fragilidad de su personaje cada vez que puede, y éste, en su afán insaciable de amar al prójimo siempre sale lastimado; tan sólo encuentra auxilio con Guillermo, al inicio cuándo asume una falsa amistad con Alberto, y con los hermanos pequeños de Carlota que adoró desde un inicio debido a su inocencia infantil.

El suicidio para Goethe, concuerda con la idea del romanticismo de que, el amor únicamente es posible en la vida después de la muerte. En este mundo los intereses sociales y económicos,  que ven su máximo esplendor en el matrimonio, no permiten que el amor fluye naturalmente entre los individuos, por eso, el amor es alcanzable en otra muerte, donde realmente “se puede llegar a ser libre”.

Valorizando la obra, “Werther” es considerado un clásico y debe seguir siéndolo. Ya que, muestra el espíritu enciclopedista que rige al siglo venidero; por otra parte, la pluma de J. W. Goethe, muestra y exprime el dolor de sus personajes a su máxima potencia, haciendo de sus propias acciones un martirio que irán arrastrando hasta el fin de sus días.

Mi experiencia como lector dice que no es un libro sencillo; la psicología de Werther, llega a ser tan contradictoria que desorienta. Si se busca un libro relajado, no es una opción; sin embargo, para aquéllos lectores que ya han experimentado con textos psicológicos, podrán apreciar detalles enriquecedores en cada una de las letras con remitente a Guillermo.

Como conclusión, la historia del amor imposible de Werther, le muestra al hombre como los sentimientos pueden y ofuscan la claridad del pensamiento, volviendo a la vida una experiencia mucho más enriquecedora que aquélla regida por la lógica y la exactitud científica.
Goethe proyectó las inquietudes de su época: exagerando las sensaciones a tal punto que se convierten en una angustia vital, propone una comunión con la naturaleza, lo que desencadeno en una moda urbana de vestidos campiranos, el surgimiento de una afición hacía  el campo y la jardinería.
Este libro además contiene un valor histórico, ya que, la ideología del revolucionario francés en 1789 que entregó su vida en la Toma de la Bastilla o en cualquier otra batalla, fue exaltado por la visión paradigmática de Goethe, y los enciclopedistas de la época.
Libertad, Equidad y Fraternidad” , el primer y tercer ideal de la Revolución Francesa, se pueden encontrar en esta novela de 167 páginas, distribuida por más de tres editoriales.

Goethe, según Andy Warhol

Análisis de “Los relámpagos de agosto” de Jorge Ibargüengoitia


EL DEJE GRIS DE UNA REVOLUCIÓN INCONCLUSA

 

“Si algo aprendimos en ésta era de dictadores y profetas, carniceros,  y mesías, es que la verdad no existe; fue aniquilada en medio de promesas y  palabras” – Jorge Volpi.

 

Fue la obra ganadora del Premio Casas de las Américas 1964. Se narra la autobiografía apócrifa del General José Guadalupe Arroyo. La intención del autor es delatar las lagunas y consecuencias políticas que quedaron tras la Revolución de 1910; se debe aterrizar a la obra como una Novela de la Revolución Mexicana, que es la opinión del autor acerca del movimiento social más importante en México del Siglo XX. Sus conexiones más cercanas son de autores que comparten la misma nacionalidad y la misma época (en el mundo intelectual se buscaba la creación de una identidad nacional). En conjunto trabajaron: Martín Luis Guzmán con: “La sombra del caudillo”, y “El águila y la serpiente”, Carlos Fuentes con “La Muerte de Artemio Cruz”, Ángeles Masstretta y su “Arráncame la vida”, etc.1

Los relámpagos de agosto” es una parodia de las biografías escritas por los generales mexicanos quienes: “Plasmaron sus memorias para demostrar que solo ellos tenían la razón”. Por citar sólo a algunas podemos encontrar la de Zapata, Orozco, Carranza y Huerta.

Ibargüengoitia, como toda la demás población fue víctima de la tradicional violencia política ejercida por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante los setenta años que ejerció en el poder. En la obra recolecta los cabos sueltos que permiten observar la creación del partido político, como las ansías de poder de un clase social-política. En México, después de la revolución, había un número exagerado de militares. Toda la clase política se basaba en hombres armados. Es por esto, que hubo tanta sangre entre sus mismos líderes. Los asesinatos de Villa, Carranza, Obregón, Madero. Son un ejemplo de la falta de pensamiento político-racional. Así mismo, aunque el sistema se hacía llamar democrático. La realidad era otra, los Partidos Políticos anunciaban sus candidatos, y, entre ellos, decidían el futuro político del país por medio de guerras sucias, actos de difamación, asesinatos, etc.

Encontramos un ejemplo dentro del libro:

—¿Pero quién quiere elecciones libres?

Me escandalicé ante tanto descaro y le recordé los postulados sacrosantos de la Revolución. Él me contestó:

—¿Sabes a dónde nos conducirían unas elecciones libres? Al triunfo del señor Obispo. Nosotros, los revolucionarios verdaderos, los que sabemos lo que necesita este México tan querido, seguimos siendo una minoría. Necesitamos un gobierno revolucionario, no elecciones libres. 2

Otro caso importantísimo sería el del protagonista, el General Arroyo, que complica -y casi pierde la vida- por involucrarse en un pleito personal con Pérez H. por el supuesto robo de un reloj al presidente en cuestión, que sería González. Aquellos pequeños casos demuestran la violencia que sacudía al país y la forma tan “ranchera” de solucionarlos.

Los relámpagos de agosto ofrece una carnavalización del periodo postrevolucionario. Donde cada supuesto héroe nacional va robando el patrimonio de la Nación, para la defensa de los ideales que hicieron libres a los círculos del poder, por igual que, a los negocios:

En este puesto podré colaborar de una manera más efectiva para alcanzar los fines que persigue la Revolución.

“Yo, comprendiendo que tenía que habérmelas con una mujer de negocios, le expliqué lo de que “les hago un vale y nomás que triunfe la Revolución, el Gobierno se encargará de liquidar esta inversión que ustedes hacen, más réditos a razón del cuatro por ciento anual”. Ella no me lo creyó, porque desgraciadamente muchos han sido los que han prometido lo mismo y no lo han cumplido”3

Ibargüengoitia es palpable en su crítica hacia las actitudes oportunistas, ambiciosas, desleales y carentes de liderazgo positivo que causaron la desilusión de los mexicanos y su falta de fe en los ideales revolucionarios.

Es una novela crítica que ofrece al lector un estilo rápido y sencillo, con cortos resúmenes al empezar cada capítulo. La obra en general, plasma elementos básicos del ambiente como la importancia de los ferrocarriles, la desigualdad económica, la falta de participación de la población en el mundo político, etc.

La opinión del autor se deja ver, entre líneas con un humor inteligente, al esquinar a sus personajes en situaciones de alto peligro. En la mayoría de los casos, el pensamiento del personaje demuestra una cosa antagónica a lo que su rol representa. Haciendo de la novela una obra cómica con un mensaje de hipocresía altísimo en la clase gobernadora.

Para Ibargüengoitia, la Revolución Mexicana fue un movimiento sin sentido alguno. La falta de líderes y unión entre ellos; desató un infierno regido por la fuerza y represión militar.

Al concluir la lectura, quedé con un mal sabor de boca. Porque, en la Revolución, no hubo grandes cambios: sí derrocaron a Porfirio y hubo mayor libertad económica, pero la cuestión agraria, continúo siendo un desastre; murieron los ideales y en vez de científicos hubo militares que se vieron privilegiados por el poderío armamentista.

Al final del libro, se retracta la lucha campal entre los sobrevivientes de la Revolución por ejercer el poder, nuestro protagonista sobrevive. Caso curioso. ¿No es cierto qué, los revolucionarios siempre encuentran el mismo final? Ese sería la muerte. Entonces,  asumo que, mi perspectiva y la del autor es la misma: el General Arroyo, no es un revolucionario; y, por consecuente, la Revolución Mexicana, no existió como tal. Tan sólo fue un golpe de Estado por las fuerzas armamentistas, que permitió el crecimiento industrial y comercial en el país.

Los relámpagos de agosto es una obra que merece ser leída, por la aproximación que tiene con la realidad. También, los prototipos de los personajes hacen de una novela un manjar, ya que, cada uno demuestra diferentes características. Los militares cobardes, los oportunistas, aquéllos que no son militares, los sádicos. Entre otros.

La pluma del autor se caracteriza por la simpleza del lenguaje y un ritmo continuo. Dentro del texto hay pocos saltos cronológicos. Uno que otro “Flashback” No cae en exceso de descripciones; da por hecho pláticas entre los personajes -asume que la historia y la psicología de los involucrados está lo suficientemente trabajada, como, para dejar que el lector conecte los espacios entre una acción y la otra-.

Ibargüengoita, maneja en el General Arroyo, como un persona compleja de psicología maniqueísta. No es el revolucionario que ha sufrido de pobreza o represión ni el militar inútil que ha logrado ascensos gracias a sus contactos. Sino un ferviente y contradicho revolucionario, que lucha por su Patria, por su revolución desde un país extranjero, en un medio de absoluta comodidad.

Esta obra merece seguirse leyendo, ya que, muestra una versión no oficial de la historia; inclusive, una más fidedigna con la realidad de la época. Es una pena que no haya dedicado algunas hojas a la situación agraria del país, porque, es una de las lagunas de mayor peso en la historia de México. Sin embargo, en “Los relámpagos de agosto”, encontramos la psicología política de los  militares que rigieron el país hasta el cambio de partido político en el año 2000.

Debe ser leído por los festejos del Centenario de la Revolución que se dan en este año. El autor muestra con un personajes ficticios, los mismos que nos ilustran en los libros texto, otra visión del gran movimiento social mexicano del siglo XX.

Notas:

1.- http://bama.ua.edu/~tatuana/numero3/chilerelleno/vargas.pdf

2.- Ibargüengoitia Jorge, “Los relámpagos de agosto” editorial Joaquín Mortiz, México,D.F, primera edición, 2009. Pp. 17.

3.- opp. cit pp. 4

 

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