Infortunio


“Uno conoce el fracaso con excesiva frecuencia para poder enorgullecerse del éxito ocasional”– Paul Auster.

Despertó con la abrupta sensación de que algo malo le sucedería. Miró sus pies con la esperanza de haber puesto el pie derecho antes que el izquierdo, pero le era imposible recordar este detalle tan insignificante.

Abrió la ventana y observando alrededor, maldijo en silencio: -el aire olía a lluvia, frío y humedad-.
“Se viene otro día de sombras, en el cual, el viento se colaría entre los edificios como una serpiente que cruza con finura la arena del desierto; dejando en su andar un dibujo delgado con cierto parentesco a la desolación que habita en esta vieja ciudad.
Todas las mujeres estarían cubiertas con pesados abrigos, todos correrían por las calles cargando un café -que de café tiene poco, sólo el color-, todos conectados a sus teléfonos celulares hablando de cifras, estadísticas, reuniones y negociaciones. En multitud van hacía adelante empujando al viento helado que les reseca las manos.
Las nubes en el cielo gris cargarán contra mí mientras caminé hacía el trabajo, escupirán el rencor alojado durante estos días que el sol no ha tenido de la cortesía de asomarse ni para decir: buenos días.
Me encontraré rodeado de árboles pelados, la única compañía hasta la oficina en conjunto con la ingrata ráfaga de viento otoñal”.

Volteó a ver su reloj, marcaba cuarto para las ocho. Tomó su chamarra y azotó la puerta del departamento desquitándose como si fuera la culpable de su mal humor.

Encontró el parque deshabitado; como un cementerio en navidad. Deambulaba con cautela, jamás le había parecido tenebroso, hasta que notó a los cuervos en las copas de los árboles.
Aves de mal augurio”. Pensó cuándo ya estaba a unos pasos del edificio empresarial. Notó un desagradable deje en el ambiente. Indiscriminadamente volteó ver con desdén a la multitud que le rodeaba. Se alejó unos centímetros, pero la pestilencia seguía ahí; cerró los ojos suplicando que no fuera lo pensaba:
“No, no… piedad”.

Con lentitud se asomó a la suela del zapato, reposaba en ella,  la gracia de un canino que había sido liberada en plena vía pública.

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Un comentario el “Infortunio

  1. Arturo Cavazos (piolo) dice:

    Ohh que bello no hay nada como una mal dia en el que sabes que todo va a salir de una manera desafortunada y a pesar de tus expectativas la situacion empeora y empeora y empeora….y que mejor manera que colocar tu suela del zapato sobre el excremento de un perro

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