El último adiós


“De nada sirve preguntar si a lo largo de este tiempo nos amamos o nos odiamos; lo que no comprendo es tú actual desempeño en destruirme”- Jorge Volpi.

A un tal Javier K

El graznido de los cuervos rompía con el escalofriante silencio del lugar. Nueve pies bajo tierra descansa un cadáver.
Utilizar la palabra descanso es asumir por hecho que la muerte es algo grato. Algo que, me parece totalmente escalofriante. Así que, recapitulemos:

Un cuerpo en estado de putrefacción golpea a su ataúd para tratar de escapar del beso final; aún tenía mucho que hacer, despedirse de sus seres queridos, decirle a Mariana que la ama y que perdone su inmadurez. Que siempre la ha querido pero nunca le fue necesaria para seguir viviendo… le diría que ella había sido la única que le había robado el sueño, y al dejarlo lo había arrastrado de nuevo al mundo de la realidad.

La vida no es justa. Y cuando menos se lo esperaba aquella forma sombría decidió agitar su frágil existencia hasta que la máquina humana no aguantó más azotes.
Arriba de él, escuchaba la voz serena y profunda de un hombre que mencionaba palabras de descanso, algo acerca de la inmortalidad del alma, mis buenas acciones. Características que no van conforme a mi personalidad; en fin, dejé una imagen falsa de lo que realmente era… tantos años luchando por ser alguien para acabar disfrazado de hipocresías.
Me siento como un viejo malentendido de la historia. Alabado por ajenos, despreciado por conocidos.

Sollozos, lágrimas y cantos que auguran la resurrección llegan a mis todavía activos oídos ¡Patrañas! Nadie me aceptará en el cielo, menos con este olor y estas ropas tan elegantes.
Dejen les comentó. Puedo estar muerto pero todavía pienso. ¿Qué la muerte no era el final de todo? Pareciera que no. Aquí me tienen, nueve metros bajo tierra siendo testigo cómplice de mi propio funeral.
Huele a alcatraces, a tierra húmeda, a dolor y a hipocresía… un batallón de señoras vestidas de negro mueven con dulzura un abanico. El clima era templado, el viento arañaba las hojas secas del lugar; se escondían entre los zapatos de charol recién boleados.
Ha pasado media hora y la concentración se va perdiendo, dejó de ser el protagonista de la escena. Los cuervos anuncian mi despedida. La gente suelta un discreto suspiro de alivio. No es para menos, a nadie le agradan esos eventos. Ni a mí, que a estas alturas esperaba estar en infinito letargo.

Comienza el molesto sonido de la pala al chocar contra la tierra y el cemento. Aquél metálico estruendo me recuerda al latido de mi corazón, es un sonido que olvidamos por rutina, pero que siempre está allí, un casi perpetuo rebote en el pecho.
Jamás había sufrido de claustrofobia hasta que sentí el peso de la tierra sobre mí. Dentro de unos años la tierra será carcomida por gusanos y resurgirá el dolor; el mismo que sentí al separarme de Mariana, sentiré como los gusanos destrozan las costuras de mi traje cruzado y se alimenten de mi ser. Por fin, desconectarán mi corazón, que dejó de latir a la edad de los veintitrés.

Quisiera desaparecer, olvidar que me encuentro en el centro de la Tierra. Elevarme entre los vientos para volver a mi ciudad natal y verla dormir. Penetrar por la ventana convertido en brisa marina para reposar en tu oscura cabellera. A lo mejor, mi frior te produzca un escalofrío. Verás el sol ascendente y caerás de nuevo en profundo sueño.
Me sonreirás sin saberlo, como si hubiera invadido tu mente… entenderías mis porqués. Se acabaría el odio, la tristeza; dejaríamos atrás nuestros años amargos causados por el choque de orgullos.

—Hermanos, vayamos en paz (…) Sí, claro. Vayamos en paz, porque el único que se queda aquí soy yo. Pudriéndome entre tanto recuerdo y equivocación. Vayan en paz que su trabajo como vivos ha concluido. ¡No, esperen! Dejen unas rosas, unas lilis, alcatraces, tulipanes, cempasúchil para el colorido. Acá abajo todo es demasiado oscuro. Demasiado escalofriante. El olor a vivo me reconforta.
Vayan en paz, y olviden mi recuerdo porque yo estaré aquí hasta el juicio final, cuando aquella mujer vestida de negro regresé y me proponga un trato, algo para la absolución de mi alma.

Que la misa ha terminado—

—Demos gracias a Dios—Contestaron en las alturas. La gente comenzaba a desaparecer, se escondían debajo de paraguas. Sentía cada paso dado por ellos hacía el portón principal.

No debieron venir tantas personas; para eso, hubiera contratado lloronas”. No necesito de nadie, además, el afecto que me tenían ya no lo siento. De ahora en adelante habitaré es un espacio reflexivo. Un lugar para conocerse más, sin embargo, seguirá siendo ilógico porque no tengo una meta en específico.

Me preguntó quién estará allá arriba, mis familiares, uno que otro amigo, la vieja portera que me recibía con una sonrisa que denotaba pena hacía mi estado antes de morir… mis enemigos, aquél ingrato que no me aceptó como yerno.
Todos habían abandono el lugar, menos una mujer que se escondía tras su reboso. Una lágrima transparente caminaba por la cuerda floja de sus mejillas hasta que cayó al suelo.
Antes de caer se aferró a la blanca barbilla. Iba perdiendo su forma ovalada conforme desafiaba a la gravedad; mientras tanto, el viento bailaba de alegría. Había llegado el momento de bajar hasta las entrañas del mundo. Donde seré juzgado por mis acciones, mis pensamientos, mis buenas intenciones. Tendría una plática con la maligna.

Caía el rastro acuoso con lentitud, se resistía a hacerme daño. Una persona dolida era más que suficiente para tan sombrío panorama.

El cementerio quedó a solas, tan solo esperaba la misteriosa mujer a que llegara la noche. Seguía cayendo la lágrima. La veía en todo su esplendor. El panorama se abrió, dejaron de existir las barreras. Todos los sucesos de mi irreverente vida las veía a través de ella, como un espejo retroactivo de las experiencias adquiridas.

Minutos después la Luna decidió aparecer, observaba a la distancia con el conejo que la acompañaba a todos partes.
El velador del lugar ponía candado a las puertas. No vaya a ser que los malos espíritus deseen escaparse de nuevo y organicen otra fiesta clandestina entre los mármoles rosas y las sepulturas de los héroes que nos dieron patria.
Se acercó a su amante. Le frotó el hombro, mientras ella, no separaba la vista del lugar donde enterraron mi ataúd -perdonen la inexactitud, pero no puedo hacerme a la idea de no poder salir de este espacio cerrado-.

Tuvieron una charla corta; pareciese que el anciano de camisa a rayas le daba ánimo a la muerte para comenzar la ejecución.
De pronto el espejismo cedió, retorné a la obscuridad… la emotiva gota llegó al suelo; traspasó la muralla de cal y de tierra. Quemó como ácido a la madera barnizada. Aterrizó en mi frente, comenzó el dolor punzante…mis ojos cedieron ante tal agonía.

Fui enviado a un salón solitario alumbrado por un gas celestial blanquecino. Estaba totalmente solo; esperaba su compañía, al tiempo que rogaba para que la muerte perdiera su brutal y asquerosa puntualidad…
En el ambiente existía un molesto silencio. No de aquellos, en los cuales, el nerviosismo regía de forma absoluta. No, un silencio que asfixia, que adormece a la voluntad para entregarse, inclusive cuando en el juego de la vida tenemos las cartas para ganar.
Enfrente de mí, se abrió una puerta en la mitad de la nada; la silla que me sostenía flotaba entre una ambigua oscuridad, el gas me iba consumiendo. Era todo es un ritual para destruir al espíritu. Sin embargo, sigo aquí con el deseo de desaparecer para convertirme en brisa, despertarte al alba y morir impregnado a ti como si fuese polvo.

—Lamentablemente he perdido la consciencia del tiempo. No sé cuándo empezó ésta fulgurosa travesía a través de mi pasada existencia. Porque ahora estoy muerto—

—Lo estoy ¿Cierto?—

—Sí, claro. Pero tienes que cumplir una disposición conmigo— Contestaba la Muerte sentada al otro lado de la mesa.

—¿Qué tu papel no era sólo de sacrificio? Ya sabes, el trabajo sucio que Dios no se compromete a hacer—.

Apareció enfrente del entrevistado un trago, Vodka Tonic. Comenzaba a sonar un jazz melancólico. Las partituras se dibujan de color plateado entre la neblina, brillaban de forma intermitente mientras se iba extinguiendo el sonido.

—Como decírtelo para hacértelo entendible. Son esas pequeñas letras en el contrato que nadie lee; debido a la seducción que provoca la vida— Le decía la Muerte mientras acariciaba su mano con tranquilidad.

Así transcurrió toda la noche entre las ambigüedades de la muerte y el temor a dejar de existir, los vasos de vodka corrieron de los dos lados. Sentía un ligero cosquilleo en los pies, como si unas pequeñas ramas fueran escalando su tronco de roble enfermo.
La edad lo iba absorbiendo a cada minuto, llegó con la modesta cantidad de treinta y seis años. Ahora padecía los achaques de alguien cuarenta.
Surgieron canas de su cabello; la Muerte complacida, sonreía mientras escuchaba la tranquila y pautada voz de su sutil acompañante. El cual, no conocía su rostro, debía ser demasiado bello. ¡Y cómo no iba a serlo, si hombres y mujeres han caído bajo su encanto por milenios!

—Si en vida hubiera sido más consciente de la muerte, habría dejado todo fluir con naturalidad. Todo dura un poco más de lo que debería; así no tendría que despedirme de nada. Sería como una sombra, el espectro de algo que fue.
Lástima que sólo tengamos una oportunidad para vivir y dejamos tantas cosas sin decir, tantos proyectos sin comenzar—

—No te lamentes, si te diera otra oportunidad sucedería lo mismo. Dejarías pasar la vida con la seguridad de que al día siguiente estarás en pie para cumplir aquellos vagos sacrificios.
Tienes suerte, pocas veces me predispongo a platicar con ustedes antes de cumplir con mi labor—

—Me siento honrado. Con todo respeto seguiría hablando con usted, pero si me diera la posibilidad de despedirme de alguien, sería la persona más dichosa de éste mundo.
Es más, le contaré una historia que le fascinará, no por su contenido ni valor, tan solo por las simplezas que hacen girar a la periferia humana-

—No quiero parecer grosera, pero tus historias no me interesan. —Ética profesional— Confórmate con esto, disfrutas de una última plática antes de regresar a tu oscuro cajón.
Otra cosa, no tengo el poder de resucitarlos. Ni que fuera Dios, cómo decirlo, soy su brazo derecho; la que la saca del apuro ¿Me entiendes? Para milagros acude con él, lástima que siempre está tan ocupado construyendo cosmos y creando figuritas entre las  nubes del Cielo—

—Entonces, lo que me quieres decir es que no hay escapatoria… yo pensé que en este momento ya sería como un vegetal. Pero aquí me tienes bebiendo contigo, con la mujer más respetada entre los humanos—Decía para prolongar su existencia.

—¿Otro trago, cariño? O prefieres acelerar el proceso—.

Sentí un retortijón en la boca del estómago. Una cuchillada directa al corazón, la capucha empezaba a resbalar de sus oscuros cabellos. Me alcanzaba a ver a través de la oscuridad de sus ojos.
La Muerte era la mujer más bella sobre la faz del universo. Me recordaba a Mariana, olía a mar y a jabones espumosos, a fragancia del despertar y a rocío de lluvia.
Su mirada fue perspicaz, anunciaba sus acciones y yo me dejaba llevar… me transportó hacía la bahía. El sol cuidaba a nuestras espaldas, sujeté su cadera y me aferré a ella porque no me quedaba otra posibilidad.
Debía morir ante la belleza de sus ojos, porque me conduciría hacía la libertad.

Nunca supe si volví a mi ataúd, comentan que mi cuerpo sigue ahí. Yo, caí dormido ante un beso somnífero que me recordaba mis años mozos. La Muerte no fue tan mala porque me recordaba a Mariana.

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12 comentarios el “El último adiós

  1. penellagr dice:

    Disculpen la tardanza.

  2. Javier K. dice:

    Muchas gracias. Valió la pena esperar.

  3. Pupi dice:

    Esta excelente… lo disfrutee me encanta que sepas manejar tan bien la descripción!!!

  4. Arturo Cavazos (piolo) dice:

    Te voy a demandar ehh jajaja esta muy bueno con mas futuro que labios carmesi. Tu que sabes que la muerte toma vodka tonic no digas tonterias la muerte solo tonayan y antillano jajaja. buena la foto de donde la sacaste?

  5. andiee dice:

    Wow esq q te digo siempre es facinante lo q escribes me encanta leer tus historia eres perfecto y te envio mis mas grandes felicitaciones tqmmm no dejes de escribir
    Atte:tu fiel lectora smak!!!

  6. Kat dice:

    Pfff interesante fondo pero la forma me trae complicaciones..

  7. rata dice:

    muy muy bueno se me hace que es lo mejor que has escrito sigue toñin aunque me perdi habia 2 o 2 persona con el muerto?

  8. ines dice:

    al principio pensaba”oh no! que fea es la muerte, espero que toño se equivoque!”, pero al final ya todo esta mejor jaja. muy bien toño!

  9. Javier K. dice:

    DOS MIL VISITAS! Bien ahí!

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