Capítulo 3.


Tumbado en su dormitorio, con retortijones y cólicos, se encontraba ante una realidad incomprensible hacía su persona; después de pasar todas las noches en aquél lugar, ahora se encuentra imposibilitado de llegar hacía ella…

Sentía tal impotencia ante su ausencia, que si en ese momento el mundo decidiera hacerse explotar, sería el primero en sentirse privilegiado ante tal fenómeno. Ya que, sin la obsesión que le produce su fatigosa rutina, de ver como el amor de su vida es manoseada por otros hombres.
Aquella serie de toqueteos groseros, se convierten en la Tentación. Conforme, más compartida fuera. Él, en su encierro y egoísmo, protegerá una parte de su ser. Unas gotas de elixir formulado con la esencia de castidad, toques de inocencia y un ligero deje de desprecio !hacen de este perfume, una alianza secreta e invisible entre aquellos que su amor debe de callar, para que perdure!
En el porvenir, el silencio se acuñará en la mente de cada uno; la necesidad física de cada uno de ellos, desaparecería como en los matrimonios más longevos. El impulso de sentirse atados. El hilo de la sexualidad, se va aflojando hasta que, en alguno de los últimos tiros, se parte en dos y se lo lleva el viento con los gratos recuerdos producidos.

La mente desvariaba con agridulces recuerdos de un baile que se ejecutaba en ese momento.
Cómo los pequeños detalles mantienen en una realidad ficticia a la humanidad. Inclusive, las nimiedades de poco agrado, constituyen un pequeño mundo. En el cuál, los pocos participantes tienen un rol vital en nuestra existencia, que no es más que una rutina llena de inusuales accidentes que desvían la ruta habitual, hacia caminos de duración prolongada o efímera dependiendo de las incontrolables situaciones, por las cuales transcurre nuestra irrelevante vida.

Laura en el bar; disfrutaba de la súbdita reducción de miradas asesinas —Un estorbo menos, ante el inminente grupo de observadores— decía para sus adentros.
El primer día sin él no fue tan malo… de hecho, habitaba una novedosa tranquilidad en ella. Al parecer, no le necesitaban del todo, cómo llego a pensar.

Al otro lado de la ciudad, tumbado en una cama pasaron sus días. Imposibilitado de hacer otra cosa mas que reposar. La gastritis no cedía paso, tampoco el atinado dolor de pecho que aprieta sus pulmones, dejando un intenso raspe con cada respiración.
Durante cada inspiración y expiración, se alimentaba un amor fugitivo que iba en cresciendo. Debido a la novedad del ausentismo.
Ante sus ojos, la distancia es concepto suspicaz. En ella, se experimenta una amplia gama de sentimientos intrapersonales como la tranquilidad, el asco, la envidia y desconfianza de todo persona que le rodeara.

Con el trayecto de los días, el bar pierde estética y gana ciertas características cliché debido al lento transcurso del tiempo.
Papel pegado a los muros anuncian bailes y peleas de box, retapizan su fachada, quedan como un embudo plasmado al adoquín.
El bar pierde su tonalidad rojiza paulatinamente, un rayo de luz penetra en aquél muro de olvidos y sollozos.

Han pasado más de tres meses.
El tiempo es el verdugo de la existencia. La perpetua rutina del bar, se vio interrumpida por aquellos malestares que son menester de cuidar. Al final, la vida es tan única, que tan sólo tenemos una oportunidad para desaprovechar las peripecias que nos ponga de frente. Algunos, deciden desperdiciarla en eventos públicos considerados de mala fama.

Cada movimiento efectuado sobre la barra era inestable, de mayor dificultad. Un ligero temblor vibraba en dos costas opuestas e independientes. En una, causa malestar y delirio; en cambio, en la otra, denota una gran inseguridad; escepticismo ante los inminentes sucesos que transcurren en dos vidas conectadas a través de un mundo burdo, enlazados por los sentimientos y la enfermedad.

Tras una larga y lenta recuperación, los ojos oscuros de Daniel recuperaron la luminosidad de las personas sanas.
Ha olvidado que en el mundo hay obligaciones y necesidades para subsistir. Dejó su  fatigoso trabajo para convertirse en fiel observador del las tenebrosas nubes del otoño.

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Un comentario el “Capítulo 3.

  1. Arturo Cavazos (piolo) dice:

    Ya he visto demasiado labios carmesi, jajaja pero vale la pena acaba bien la historia

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