Capítulo 2.


Despertaba con la molesta y perpetua resaca que le acompañaba todas las mañanas. Tras disfrutar del oscuro panorama de sus piernas estiradas al compás del ritmo semilento del piano activado a sus espaldas.
Un pesar en los ojos y el desagradable deje de las bebidas de barrica, que con desdén son aventadas hacía su predilecto lugar. Donde las medias dejan al descubierto un poco más de lo que es debido. Haciendo del baile un delicioso ritual de agonía y sufrimiento. En el cual, las bellas imágenes del movimiento y el aroma escapado del alma, se impregnan a su cuerpo de la misma forma que el olor del tabaco y el alcohol. Que le acompañan durante el malestar matutino de no tenerla y saber que nunca será suya.

Caminaba con la misma ropa que el día anterior. La jornada laboral no comienza hasta entrada la tarde.

El incesante dolor en el vientre y el ardor en los ojos por tomar bebidas de dudosa procedencia, le recordaban un destino contrariado dentro de un juego de sentimientos de diferente naturaleza.

“Demasiadas noches desperdiciadas en aquél lugar de mala muerte, ¡Demasiadas lágrimas y alcohol derramado en esta relación enfermiza de verte, y poseerte debajo los compases de un música! Qué te llena de arte con cada escala de ocho pasos, luces para mí, como un nuevo e indeterminado canon de belleza y perfección! Tus piernas largas y torneadas. El escote de tu blusa blanca, la luminosidad de tus ojos, el color de tus labios”. Pensaba semejantes versos mientras su estomago reclamaba alimentos para rebajar las agruras, creada por las incontables horas de su ausentismo.

Laura despertaba hasta tarde. Rociada de una capa de microsuciedad impregnada a su delicada piel. Su larga oscura cabellera transpiraba el agradable olor a whisky reposado en su almohada tras la noche anterior.
Tomaría un baño después del desayuno. Mientras tanto, se mantendría pegada a las sábanas hasta que el sueño se haya resignado y la abandoné. Comenzando así, otra jornada laboral.

Con menos de veinticinco años -dos de éstos, laborando en el bajo mundo de las pasiones- sentía que su belleza se iba rasgando como jirones de tela, ante la súbita mira de los clientes, que, con afán y avaricia luchan por sentir, cada vez más de cerca, al grupo de bailarinas urbanas. ¡Cómo si con cada mirada rabiosa, fueran capaces de robarle capa a capa su distintiva belleza!.
Habían abierto la costura, tan sólo bastaba, tirar un poco para demostrar lo frágil que te conviertes ante un público insensible, que busca – como medio y fin- la egoísta sensación de fantasear con una persona convertida en la vil imagen de la Belleza. La Seducción.

Sus ya marcadas ojeras, se encuentran plácidamente acomodadas debajo de los astros que habitan dentro sus ojos; la dejaba ver un poco pálida, opacaban el color durazno de sus pómulos. Demasiadas penas para que pueda lucir el naciente fruto estacional.
Frente al espejo observó -con rapidez- el reflejo de su cuerpo desnudo. Y, por un instante, tuvo la pudorosa idea de que en el instante en que volviera al espejo, se encontrará con el acosador del bar, deleitándose de la misma imagen que lo embriaga cada vez más, durante aquellas noches constantes. En las cuales, cada vez que sale al escenario, se siente menos sola.

Después del arreglo del cabello y el maquillaje sólo quedaba esperar a que fuera media noche, para alegrar el ojo curioso de sus clientes.
Estaría ahí, como siempre, en primera fila. Con aquella mirada profunda de descontento y fascinación ante cada movimiento de su contorneado cuerpo.

Las notas iniciales, le presentaban ante el graderío. Al voltear a la esquina, notó una particularidad. Su hombre no estaba. El pequeño universo de rutinas acentuadas se derrumbaba; la rutina inamovible dejaba a Laura por detrás. Mostrándole la espalda. Sentía que, perdía a la única persona que mostraba cierto interés por ella.
Su baile no dura más de cinco minutos, aquella sonrisa ofrecida –a un precio muy barato, porqué, uno se mantiene acostumbrado a sonreír ante la adversidad. Al mal tiempo, buena cara- se mantendría en su rostro. Aquél inofensivo detalle, no haría más daño del que ya le han producido en aquél lugar. Donde, por su propia voluntad, decidió ingresar para conseguir dinero barato, con unos costosísimos compases musicales; aceptando toques y masajes del mejor postor; rebajando su esencia ante la imposibilidad del decir <<No>>.

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5 comentarios el “Capítulo 2.

  1. rata dice:

    ok yaq se que es una novela va muy bn que tan larga vas a hacerla y cual es el título?

  2. penellagr dice:

    Supongo que “Labios Carmesí” a menos que cambie de parecer.
    ¿Qué tal?

  3. henri dice:

    No veo el Cap 1 para empezar por el principio, o cómo es la onda, comienza por el CAp 2, digo, en literatura todo es posible, si los hoteles no tienen piso 13 pues igual y tu novela carece de Cap 1..
    Henri

  4. penellagr dice:

    Jajaja labios carmesí es el capítulo 1.

  5. Arturo Cavazos (piolo) dice:

    jajaja bien ahi toño que no te apliquen reglas literarias en tu propia pagina

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