Salto


“Adiós. No veo para esta miserable vida más fin que la muerte”– J.W. Goethe

Decidido de arrebatarse la vida con sus propias manos, un joven condolido se prepara a brincar hacía el vacío. Donde el viento le recogería, la brisa y su inconfundible sabor a sal, le harían sentir en calma después de una tormentosa vida de duración efímera que le ha dejado más desgracias que alegrías.

El despedirse de todo, hace de él, una persona libre. Expuesta a los demás. Convirtiéndose en un cristal de múltiples dimensiones. Al no tener que ocultar nada, se siente la desagradable experiencia de la insignificancia.
¿De qué chingados sirve ser alguien, si desde el momento que nos conozcamos ya sepan todo sobre nosotros de antemano?

Se despidió de todos aquellas personas a las cuales pensaba que les importaba. Al inicio, su lista era enorme. Amistades de la infancia, familia, amantes… un sinfín de personas a las cuales veía más por hechos rutinarios, que por el fin natural de compartir su compañía.

Aquella idea pudorosa de ser francos con alguien, no es más que una vaga ilusión de conocimiento absoluto hacía los demás. Cada paso que daba, le traía a la mente miles de memorias: su infancia, recuerdos alegres, besos, caricias, golpes, personas…
El azote del viento golpea de lleno su rostro, impedía que respirara. Golpe, los pulmones cargados no encuentran la forma de expulsar el aire, mientras se rasga la piel, un corte horizontal sangrante.

Perpetuidad en el agua, destellos de luz que rebotan sobre el océano simulan ser aves suicidas que penetran en lo oscuro del elemento.

Y, ¿Por qué no intentarlo?, desprender los pies del suelo, divagar, soltarte hacía el precipicio que pareciese blando desde las alturas.

La esquina es frágil, el viento sigue en su insistente misión de detenerte. Las irascibles olas truenan contra la superficie.

—Salta— una voz desconocida le susurra en el oído.

El espectro surge de la sal marina. Vestida de blanco. Comenta todas las nimiedades por las cuales tiene sentido seguir vivo.

—Pasiones, vicios, sentimientos, pecados— todo es insignificante si lo comparas con lo intranscendente que eres en éste gran espacio.

Aquella mujer de sal, vociferaba la egolatría de sentirse adoptados por unos de la misma especie; existe la idea colectiva de la hermandad. Aunque, realmente, nadie se siente atraído hacía la defensa del prójimo.

Con ojos cerrados, da un paso más hacía el frente. El vértigo incrementa tu ritmo cardíaco.
Abres tus alas, dejas que el peso te lleve hacía el centro de gravedad; tus sentidos se distorsionan. Sientes el impacto.
Se apaga la luz de tus ojos.

Salto.

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6 comentarios el “Salto

  1. penellagr dice:

    No pensaba subirlo al Blog. Pero, con la muerte de Albert Camus, me he inspirado a hacerlo.

  2. katie dice:

    ME AGRADÓ MUCHO

  3. Javier Del Valle dice:

    Lo mejor que has escrito hasta ahora. ¡Muchas felicidades! Me da mucho gusto que te sigas superando poco a poco.

  4. María Espíndola Enciso dice:

    Ya te había dicho, pero te lo repito. Me gusto mucho, en serio esta muy existencialista, bien expresado, aparte de que los detalles están perfectos; en serio no parece que lo imaginaste, parece como si lo hubieras vivido.

    Me gusta lo que escribes, ojalá sigas por que vas para mucho.

  5. rata dice:

    increible, muy bien escrito todo y se me hace que es el mejor que has hecho. En compareaciòn con el otro este es mas facil de seguir el hilo y pienso que hiciste un gran uso de las metafora. Sigue escribiendo

  6. Arturo (Piolo) dice:

    … sin palabras toñin muy bueno

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