Regla Interrumpida.-


“La gente nunca perdona la cobardía de que sigamos amando a quién nos ha abandonado”– Moliere

Su vida quedó marcada con un matrimonio de terceros al poniente de la ciudad. Con tan sólo diecisiete años de edad, Emilia se dispone a dejar casa que la vio nacer.
Vivía en una ciudad caótica, de oficinas, rascacielos y analistas financieros, que desperdician su vida con un ritmo alterado ante la tumultuosa cantidad de carrozas que bloquean el pabellón empedrado.
Si se les observa desde las alturas, pareciera un cuadro puntillista de infinitos colores, los cuales, pintarrajeaban las capotas. En contraste, el tono negro de las piedras coloniales acompaña a las largas avenidas transitadas por residentes que galopan contra los comercios variados, hospitales y perfumerías que, a lo largo de la ciudad, van separando las casas de Emilia y el sujeto que lucha atrozmente por conquistar su corazón.

La boda se efectuaría en un lujoso salón a las afueras de la ciudad. Para ser más preciso, los contadísimos invitados disfrutarían de un festín repleto de manjares como: pato a la naranja especiado con albahaca recién cortada y sal de mar, salmón ahumado condimentado con alcaparras y espárragos bañados con salsa de tres quesos.

—Demasiada planificación para un evento que es más para los demás que para nosotros mismos— comentaba con resignación la futura novia.
Desconocía que los problemas del matrimonio empezaban antes de entrar al altar.

— El precio es demasiado alto—.El dispalfarre de dinero en cosas obsoletas le sacaba de quicio. —¡Cómo si un palo y un techo de palma pudiera valer esa fortuna— se lamentaba en la compañía de su madre.

Interminables discusiones surgían del tema más importante para la pareja conyugal. El día en que Dios los apruebe por medio de una bendición sacerdotal, haciéndolos marido y mujer, sería el día en que firmarán un documento que tuvo como inicio un juego pasional que los doblegó hasta la rendición.

Utilizaría un vestido color marfil y perlas barnizadas en un tono opaco. De esa forma  imaginaba Emilia aquella ceremonia luctuosa, una predicción nuevemesina se obstinaba en impedir que otro amor juvenil creciera como tulipán durante la primavera.

Este amor tuvo inicio desde la infancia, siempre fue una amistad malintencionada. Llegaron a tal grado de confianza que pueden decir que se conocen a la perfección; viéndose la cara ha transcurrido la mitad de sus cortas vidas, hasta que, en un cambio de estación, el amor les dio la vuelta. Apartándose de ellos como si fuera una escurridiza mariposa que aletea caprichosamente arriba de los dos. Y en el momento en el cual deseaban aclarar la situación, desvaneció ante los sufridos intentos de acorazarla con  su amor que era frágil como una redecilla de fino hilo.
La terrible mariposa aleteó unos metros dirección al cielo, donde la luminosidad del pasado y la terrible sensación del desencanto alejó al futuro caballero que la ha amado desde que tiene uso de razón.
Ése pobre ingrato, vive con el único propósito de amarla.

Cayeron las hojas secas de los robledos, y el madroño a su alrededor  en conjunto con el seco pasto confirmaba la sequía.
El joven enamoradizo sentado junto a una fuente rozó el agua con la yema de los dedos, y pensó: “Es eso, tanta transparencia, aterroriza; conocer hasta su más íntimo detalle y su forma de ocultismo se convierte en un martirio”.

—  No, no estuve con alguien más—

—  Sí, si te quiero pero… no se debe dar entre nosotros; es demasiado puro, demasiado casto— decía Emilia con un tono de nostalgia, de soledad mal fingida.

El reloj de la mesa seguía avanzando. El balanceo del péndulo apresura las palabras. Trataba de no hacerle daño su reloj marcaba las 8:50, el movimiento de piernas anunciaba que era hora de irse. Debía escabullirse de su hogar para vivir otra fantasía entre las callejuelas de la ciudad.

La visita se tragaba el impetuoso deseo de llorar.
“No, no lloraría ahí. Y menos enfrente de ella”.

Emilia voltea temerosa. No sabe si despedirse de él, o dejarlo marchar con la pena que lo perseguirá hasta que el sonido de las campanas en el atrio anuncien el fin de su intento. El fin será inevitable cuando se desperdicie el arroz para alimentar a las palomas de múltiples colores.

Cada huida intrépida realizada por Emilia aumentaba la emoción hacía lo prohibido. El anhelo hacía lo desconocido revolucionaba el encanto de la fantasía, convirtiendo a los participantes en ilusos, ilusos absorbentes de un narcótico poderoso de efecto retardado y consecuencias inesperadas.
Emilia por las noches, con el andar de los caballos y el místico sonido paralelo de las pisadas al rebotar en las sendas empedradas, se impacientaba por conocer el destino del trayecto incierto que la arrojaba a las caricias de otro hombre.
El placer carnal se mofaba de la castidad.
Su corset adueñado de arrugas y jalones termina en el piso mientras la fajilla se va desnudando con tal impaciencia, que cada revés se convirtió en una obra de arte, en la voltereta de una bailarina de ballet.

Los tirantes terminan en la alfombra de la carretilla.
El suave rozar de las manos de Eulalio, estremecían los delicados pezones color carne de Emilia.Se destrozaban los labios a besos y mordidas, los besos ilegales tienen sabor a regaliz.
La respiración entrecortada… el incontenible movimiento de sus caderas hacían fusión ante el deseo impaciente de su amante de poseerla por completo.

En el parque de los madroños surgen de las tinieblas unas prominentes raíces y las ramas crecientes de los arboles entrelazados crean un panorama de inaudita tranquilidad. El ambiente se cargaba de tintes pasionales por parte de los precoces pasajeros que les hacían compañía en esta fría noche.
Los faroles de la calle reflejaban en las cortinas de la carroza formas humanas. Siluetas esbeltas, cabellos ondulados, la redondez de los artes de perla.

Unos golpes benevolentes provenientes de la ventanilla conectora entre el conductor y la zona trasera –la de los pasajeros- anuncian el fin del trepidante andar en rumbos peligrosos donde se encuentran ladrones, amantes y sonámbulos.
Comienzan a percibir el brinqueteo del camino adoquinado. Una casa de fachada rojo vino produce una mueca en el alargado rostro de Emilia. Ahí perecía un amigo de la infancia con su amor frágil como un hilar.
Eulalio reposaba boca arriba, observaba sus pómulos; desaparece en ella el molesto recuerdo -igual que el fantasmal tono de su cara- con el paso del tiempo se le alumbran las mejillas con el ambiente brumoso del vehículo. Las ventanillas sudan pasión, se desempañan poco a poco los vidrios.

Unas desorganizadas enredaderas pegadas a la pared camuflan la escalerilla que delimita el frenesí de la cordura.
Cada subida y bajada a través de ella encerraban a Emilia a una vida de derroche, en la cual, poco a poco, se encerraba en los laberintos del compromiso de manera acelerada causada por la ausencia de la menstruación.

Con gran lujo y decoro se tratará de compensar una festividad atribuida a una serie de eventos desafortunados. Aquél fluido rojizo sigue sin aparecer mientras, la Incertidumbre se pasea por la casa dejando un deje de terror a la pareja que será unida por un juramento inquebrantable hacía los ojos de Dios.

Cubierta con un vestido de color marfil, se disponía a salir de su hogar; ese era el lugar que le vio nacer; en el cual, gozó de una infancia arrebatada por la ingenuidad y la tentación.
Aquél muro de rosales le provocaba nauseas… le sirvieron como ruta directa a la perdición. Un carruaje de capota azul le transporta hacía la catedral. siente en su corazón un dolor sollozante condenado por los enlaces matrimoniales.

Emilia cruza el altar con fingida naturalidad, en la última fila reconoce una cara familiar, una amistad de la infancia…
Continúa caminando, pareciese que con cada zancada se fuera acostumbrando a la idea de la rutinaria vida marital.
Los ojos oscuros de su amigo le persiguen a las espaldas. Cada vez que cada un paso firme hacía delante siente el ascenso de la bilis; el deseo del vómito le obliga a salir de la construcción barroca.

A las afueras del templo, el maldito sonido de las campanas aturdían a una mente perturbada; deambula un vestido blanco mientras los granos de arroz eran devorados por aves que el mismo consideraba de rapiña.
Después del enlace nupcial, jamás volvió a misa; Dios era testigo y juez de aquella unión que despellejaba sus posibilidades de reconciliarse alguna vez con el amor.

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19 comentarios el “Regla Interrumpida.-

  1. penellagr dice:

    El cuento necesita un nombre. Por favor dejen sus ideas para el mismo; además, sufrí para encontrar un nombre para el personaje femenino. Andrea no me acaba de convencer, así que, ustedes decidirán su nombre.

    Gracias por leer el blog.
    Saludos.

  2. Arturo (piolo) dice:

    En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco, jajaja ahh no me equivoque? Te quedo perfecto tu cuento me encanto la manera de ver el matrimonio y la infidelidad,la manera en la que nadie puede aguantar la tentaciooon tanto tiempo y tarde o temprano cae ante la excesiva castidad y pureza del personaje. Esta horrible el nombre Eulalio no se que te paso!! prefiero andrea y si se me ocurre un nombre ya te lo escribire jajaja seguid asi. 🙂

  3. Joaquin dice:

    penella este si eres tu wey otro pedo de cuento, deliciosos detalles, amargo y hermoso muy chido wey eulalio esta feo andrea esta cagdo pero si podria llamarse de otra manera
    y el cuento se debera llamar… mm bueno dejame pensarlo y te dire

  4. Brenda dice:

    No hay palabras para describirlo… esta muy bien detallado el cuento y esta sorprendente el final, simplemente no es como otro cuento. El nombre de Andrea me gustó en lo personal, y si se me ocurre un título para el cuento yo te aviso. Saludos!!

  5. rata dice:

    wei impresionante tu cuento, el nombre eulalio muy estilo de los escritores latinos. Me gusto mucho la manera en que el hombre se desquita con Dios al verse superado y derrotado ante un problema. No tengo ninguna idea pero cuando la tenga te avisare. Los nombres deben ser iguales si usas Eulalio entonces debe ser como Nahomí; en cambio Andres debe ir con un Pedro jajaj sigue escribiendo

  6. penellagr dice:

    !Vaya! eres el primero que no me reclama sobre Eulalio jaja como el Zotoluco.

  7. June-O dice:

    no mnxs….me enknto… no puedo kreerlo… neta me metiste la desesperación de andrea…pobre!!!! 😦 no mnxs nto me enknto

  8. María dice:

    Que se llame Emilia! o Eugenia… no se, no preguntes solo me gustan esos nombres; pienso en muchos nombres… pero sería mas chido si tu eliges uno, no se, lo sentiría mas tuyo ja!. (también en cuanto titulo del cuento)

    En fin, me encanto tu cuento, está hermoso… me quede sin palabras, felicidades en serio escribes muy bien.

  9. penellagr dice:

    !Es Emilia! el nombre!!

  10. Arturo (piolo) dice:

    Emilia esta muy bueno pero tienes que aceptarlo que Eulalio y Andrea juntos no quedan jajajaja el error era el buen Eulalio

  11. penellagr dice:

    Naah es Andrea.
    Sólo falta el título.

  12. Arturo (piolo) dice:

    que buena foto le pusiste de donde la sacaste????? enbono con tu cuento noc porq

  13. penellagr dice:

    Será por las palomas y la catedral…

    ¿Está buena, no?… me agrado y dije queda para el cuento, además, está medio sombría.

  14. Arturo (piolo) dice:

    2 semanas y nada nuevo,,,, acaso a fallecido toño o murio su sueño de ser ese gran escritor que acabara de comentarista en ESPN jajajja

  15. penellagr dice:

    Me diste hasta el martes, y habrá algo.

  16. Arturo (piolo) dice:

    y sin embargo hoy es jueves,,,,,,,,,, navidad y no hay nada, ni siquiera un feliz navidad NADA jajajajajajaja venga el nuevo cuento

  17. Alonso dice:

    Está muy bueno, la idea me encantó, y opino igual que la rata, que los nombres sean como de García Márquez. Igual podrías usar un vocabulario más sencillo para que sea un cuento más disfrutable, suena muchísimo a poesía sin rima. El título lo tienes que escoger tu, no hay de otra. Me habría gustado que pusieras más énfasis en el lugar y en la época, me lo imagino en un lugar como Guanajuato, con callejones, iglesias y casitas pintorescas.

  18. penellagr dice:

    Me imaginaba algo como Guanajuato, ciudad colonial… el mundo perdió demasiado con el automóvil, se perdió el encanto.
    ¿Más descripción del ambiente o los lugares?

  19. Arturo Cavazos (piolo) dice:

    JAJAJAa tu cuento de regla interrumpida suena como a cuento de un embarazo no planeado!!

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