San Judas Tadeo


Me hallaba “atrapado” entre miles de playeras blancas; a lo lejos, el templo de San Hipólito; los feligreses me rodeaban, caminando en grupos compactos,   mientras los vendedores ambulantes vociferaban ofreciendo collares, pulseras y cualquier género de chácharas chinas…; hacia el otro lado distinguía  puestos de elotes, refrescos variados en tinajas con hielo, además de otros “manjares urbanos” que resistí  probar para conservar la salud.

Pasado el mediodía, la gente  se aglutinaba formando un gran contingente amorfo  para entrar al templo. Había misa cada hora;  el cupo máximo de la Iglesia es de 3,000 personas; así que haciendo cálculos inexactos, o de “buen cubero”, comprendí que  sería imposible que todos entraran ahí.

No todos van a pedir milagros; algunos afortunados van a  agradecerle al Santo de las  causas perdidas, una ayudadita. Con la “mona” en una mano y una pobre  escultura en pasta de San Judas Tadeo en la otra, miles de jóvenes deambulaban por la avenida Hidalgo; se abrían paso entre carriles imaginarios, manteniendo una velocidad constante. Caminaban mientras aspiraban Thinner o cemento.
Cruzaban con decisión y la gente les abría paso para no  golpear la imagen de San Judas. El ambiente  fundía el brumoso calor con un fuerte aroma a mariguana quemada. Estábamos cerca del sendero  que lleva a la Iglesia donde se formaba el  cruce de vendedores ambulantes, transeúntes y  judiciales que no transgredieron la regla de simplemente vigilar el evento. Enfrente de ellos se intercambiaba droga y distinguí a más de tres personas bebiendo de una tremenda “Caguama”.

El culto a San Judas Tadeo  se sitúa  entre el esoterismo y el misticismo. Sus fieles ruegan por sus necesidades sin apostar nada a su propia voluntad.  Suplican  no caer en la tentación, pero también  no caer atrapados al momento del robo.  Que les dé suerte, que el  camino se les ilumine.

Un grupo de mujeres entrega hojas carta donde viene impresa una cadena de oración que reenviaba el mismísimo Presidente de Brasil, Lula da Silva. Había que sumarse a ella, enviarla a nuestros allegados. Así lo hizo él y casualmente trece días después, decía el documento, se sacó la lotería. El afortunado en este caso fue el presidente, pues una de sus secretarias hizo caso omiso del mensaje y perdió su trabajo. Además, estuvo en peligro de muerte poco después.
Es mejor reenviar las cadenas que poner la vida en riesgo…

Este, es tan sólo un ejemplo de cómo se vive en México un culto que conjunta fe y cinismo, devoción y conveniencia. Inexplicablemente, en ese lugar se respira un ambiente de familiaridad. Las madres cubren a sus hijas  para que no se  “agasaje la multitud masculina” a la entrada del templo. Todo el espectro de edades se encuentra en la calle del Zarco: ancianos de buena fe, jóvenes corrompidos, mujeres públicas que mantienen viva esa tradición milenaria, etc.

 

Unas bocinas instaladas en el exterior de la iglesia retumban con el mensaje de la homilía, mientras los  vendedores exclaman: “San Juditas de a varo” sosteniendo en alto una imagen pintarrajeada. Mientras que los San Judas de tamaño natural, parecen flotar sobre las cabezas de los fieles encerrados en vitrinas, o cubiertos con capelos de vidrio. Son llevados en andas por un puñado de personas; los empujones se mantienen a la orden del día. A mi alrededor, circula de mano en mano un morral repleto de mariguana. Lleva impresa la  imagen de un hombre con  cabello castaño; su dueño muestra cierto  nerviosismo, aunque sabe que ahí no se le castigará, por lo menos, hoy no. Queda encerrado entre un grupo de amigos, quienes empiezan a destrozar sus cigarrillos para renovar la hierba.

Todo esto ocurre a la mitad del día, a la vista de miles de personas, que han alejado a las autoridades por obvias razones. Intervenir una ceremonia religiosa, sería como corromper a un Estado que es preciso no tocar.

Sin saber muy bien cómo, mis manos se encontraban llenas de papeles, paletas, pulseras y otros “regalos” de mínimo valor para el Santo. Todo es bueno para conseguir la intercesión a un pobre creyente.

El agotamiento nos llega a casi todos. Algunos descansan sobre las banquetas. Ahí me acerco a un hombre de mediana edad, a quien no pregunto su nombre.

¾ ¿Cómo ve esto? ¾ le digo,  viéndole a  los ojos oscuros, teñidos de rojo por  la insolación o el alcohol.

¾ Pus, bien¾, contesta sin mucho afán.

¾ Sí, ¡Qué cantidad de personas! ¿No lo cree?- le pregunto, para iniciar una conversación que me permitiera conocer su historia.

¾ Uuuy si, y todos los años son así. Tú no vienes todos los años, al   parecer¾

¾ No, vengo por la escuela.¾

Saber que yo era estudiante pareció darle gusto, pues sonrió levemente y aligeró su tono de voz para comentarme que no encontraba a su familia. Curiosamente, se le veía tranquilo; no lucía especialmente preocupado. Usaba un paliacate verde anudado en un brazo.  Seguramente una herida, pensé.

La mirada perdida del sujeto me sugería  que tenía cosas mejores que hacer que platicar conmigo. Constantemente veía hacia el conglomerado de personas que nos rodeaban, la mayoría con  playera blanca, supongo que por el calor. Al centro, se destacaba un estandarte estampado con la imagen viviente de San Judas, en medio de un pastizal.

– Y, ¿qué estudias? ¾ dijo después de un buen rato de silencio.

Periodismo, contesté.

_ Ah… ya,_ respondió con indiferencia.

A lado, el morral con mariguana seguía circulando. Unos cuantos llevaban a su nariz  la estopa recién humectada.

 

¾Mira, aquellos de ahí, vienen de Morelos¾ llegaron en la madrugada, cantaron las Mañanitas_.

¾ Desde temprano hay actividad por aquí¾, contesté.

Los jóvenes asiduos al morral volteaban hacia todas partes con nerviosismo.
El señor con quien me hallaba los miraba con desprecio. Su cabello era  rizado y su cabeza  mostraba entradas prominentes. Seguía sin aparecer su familia, y el rato que nos mantuvimos en silencio, dio paso a la incomodidad, era tiempo de despedirse.

Nos dimos la mano. Ya  no me enteré si encontró a su familia. Los minutos seguían pasando y la cantidad de personas era siempre la misma, conforme se iban unos, llegaban otros. El sol caía a plomo, en la parada del camión descansaban dos señoras y dos señores. A sus espaldas, un grupo organizado regalaba playeras; al arrojar una hacia donde yo me encontraba, sentí el movimiento de la masa comi una avalancha. Me cubrí el cuerpo con los brazos. La playera pasó a buena distancia de donde estaba, así que se desvió ese alud humano.

Un señor de pantalón café se rió de mi temor. Y le dije

¾ Creí que me aplastaban¾ , recuperando el pulso.

Después de una plática sin relevancia, supe que venía de Monterrey. Y continuó:

¾ Ahí, también se festeja a éste… ¡Ay como se llama!.

¾ San Judas Tadeo, dije, ayudándole.

¾ Si, a San Judas. Salen de la Macroplaza a una Iglesia que está por ahí¾ Decía orgulloso de su tierra. Aunque, no va tanta gente como aquí…

No le creí ni una palabra.

Como yo vestía una playera de los Rayados del Monterrey, me preguntó si era de allá. Le contesté que no, aunque tenía familiares. Acabamos platicando de fútbol y nos desviamos al  tema al americano. Con cierto entusiasmo me comentó que los del  Tecnológico arrasaban la Liga.

¾ Sí, ¾ le contesté, aunque ya tienen su propia liga.

Sorprendido,  me incitó a seguir hablando.

Minutos después llegó el camión que él debía tomar. Nos despedimos, fue una plática amigable aunque totalmente fuera del contexto religioso.
También Se despidió de la joven pareja que estaba a su lado, que se encontraba inmersa en una intensa sesión de besos y caricias en plena calle.

Las mujeres también juegan un papel importante en esta  festividad. De acuerdo con su edad, varían sus actitudes. Me di cuenta que si eran jóvenes, amarraban su playera para ajustarla al cuerpo para dejar libre el  ombligo, en el que la mayoría tiene un arete.

Pocas viajaban solas. Las acompaña siempre un hombre, por lo regular con expresión  de enfado que procuran hacerse notar con actitudes varoniles para evitar  que su pareja sea tocada por los demás. Muchas interrumpían el paso para besarse con sus acompañantes. Pero muchas más se detenían a  observaban las pulseras y collares que colgaban de los mostradores de madera,  mientras los demás los esquivaban para seguir su ruta.

Las mujeres de mediana edad, seguramente madres, toman una actitud más responsable.  Cuidan a los niños, que se abalanzan para atrapar  los dulces y regalos que otros entregan para cumplir la promesa al Santo Patrono de las Causas Imposibles.

Me atrevería a asegurar que ninguno de los cientos de feligreses que vi, sabía que San Judas había conoció personalmente a Jesús. El ambiente no expresa un conocimiento religioso, ni siquiera una fe ilustrada. Más bien se respira sentimiento puro: entre más collares tuviera San Judas, mejor.

Dos horas después de haber llegado a aquel lugar, me encontraba aturdido: era  el sonido de los bajos de las bocinas, los alaridos de los vendedores, el olor a cebolla de los tacos de canasta y la fatiga por el calor, el sol, y ningún lugara donde sentarme. Así que abandoné la avenida Hidalgo; llevaba  la mente confusa: pensaba en incoherencia religiosa, en fetichismo, en devoción sentimental, en mariguana, thíner y collares…

Para ser  totalmente sincero, nada de esto me sorprendió del todo. Al  fin y al cabo, cuando se reúne esa cantidad de personas en cualquier sitio, debe surgir una diversidad inimaginable de virtudes, vicios, ideologías y estereotipos. Seguí caminando. A mi espaldas, se iban haciendo cada vez más pequeñas la vista miles de playeras blancas…

 

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5 comentarios el “San Judas Tadeo

  1. Jose Pablo dice:

    Me parece un articulo muy atractivo, es decir no podemos dejar pasar los eventos tan particulares que suceden en ese tipo de dias festivos ,tambien se me hace interesante y divertido el comportamiento de las personas que asistieron al templo , finalmente me parece que nunca cae la narracion por lo que te quiero felicitar, sigue escribiendo por favor.

    Jose Pablo

  2. María dice:

    me pareció bueno, me gusta que veas a la sociedad y en cierta forma la analices. Siento que son cosas que pasan diario, pero con una cantidad tan grande de gente se puede observar mejor! jaja… bueno en fin creo que es la cultura mexicana, me refiero a que ni si quiera sepan por que están ahí… jajaja sólo están!

  3. Arturo (piolo) dice:

    Que bello y profundo articulo, te mando mis felicitaciones por tu manera de analizar en la cual en base a la experiencia personal pudiste conocer y comprender como y porque hacen esta celebracion masiva , esta festividad es un dia muy curioso, la describiste como si fuera una sociedad completamente distina en la cual todo se perdona y no esta esa sensacion de nerviosismo y desconfianza en la gente aunque solo fuera por un día me parecio excelente la manera en la que lo detallaste. Felicidades y espero que sigas escribiendo articulos como este.

  4. Malú dice:

    Buenísimo todo, la cantidad de vocabulario es impresionante, me encanta tu análisis de la canción de los Killers. Escribe más que lo haces muy bien ¡Felicidades! San Judas Tadeo te la debe “big time” jejejeje.

  5. Zésar Patricio dice:

    mmm…yo fui el q le hablo al q buscaba a su familia y al d monterrey, voy a tener q hacer el prologo d esa nota jaja t amo es bromaaaa eh,…t quedo pkm!! felicidades, espero q mandujano t ponga 10

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